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Invitados a la Feria del Libro de Sucre el 2003, participamos con Manfred Kemph Suárez, Edmundo Paz Soldán y yo como peces gordos, asediados por un mundo de lectores y curiosos y con compromisos de amistad. Hospedado en el hostal “Sucre” en las primeras horas de una mañana pasó a buscarme en un vehículo el arquitecto chuquisaqueño Jaime Loayza para que conozca la biblioteca marginal que había montado. Consideré aquel acto como un secuestro. ¡Ver una biblioteca en ayunas es como para hacer odiar las bibliotecas del mundo! El arquitecto a tiempo de disculparse justificó que era la única manera para que conociera la Biblioteca “Salvador Espriu” del Complejo Cultural “José Agustín Goytisolo”. Me sorprendieron estos dos nombres españoles porque eran conocidos míos.
Lentamente se fue despejando el misterio. Durante el gobierno deliberadamente trágico del general Hugo Banzer, dictador de origen alemán cooperado por el capitán nazi Klaus Barbie Altmann, Carnicero de Lyon radicado en Bolivia desde 1951, se había consumado una desaforada represión selectiva con duración de siete años. En nombre del Frente Popular Nacionalista (MNR-FSB y FF.AA.) quemaron libros en la Plaza “14 de Septiembre” de Cochabamba en 1972, Año Internacional del Libro determinado por la UNESCO. Perdí mi biblioteca saqueada primero y después quemada. Cancelaron la Autonomía Universitaria y dejaron de trabajar las universidades del país. Yo cumplía funciones de director de Extensión Cultural de la UMSS. Se intentó cortarle las manos al muralista Walter Solón Romero y murieron en el exilio dos personalidades, el pintor Miguel Alandia Pantoja y el poeta Eliodoro Aillón Terán. En el campo de concentración del cuartel de Viacha murió el Rector de la Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca, Walter Alvarado. Por aquel tiempo también el arquitecto Jaime Loayza había sido expulsado del país.
En el exilio de Barcelona Loayza no estuvo con los brazos cruzados, dirigía la Fundación Pachamama y la Casa de Bolivia y proyectó para el futuro de su ciudad natal una ambiciosa biblioteca catalana con todos los adelantos técnicos, llevaría el nombre del destacado intelectual Salvador Espriu dentro del proyecto del Complejo Cultural José Agustín Goytisolo.

LOS TRES DE ORO DE LA CULTURA CATALANA
Años después pasada la pesadilla de la dictadura nacionalista y residiendo yo en Barcelona una buena temporada, el fabuloso amigo Joan Queralt Domenech, me había puesto al tanto de tres de los grandes de la cultura catalana. El escritor clásico y fundacional valenciano Joanot Martorell autor de Tirant lo Blanc, que le hiciera decir a Miguel de Cervantes Saavedra: “Es este el mejor libro del mundo”. Mario Vargas Llosa desde 1969 se ocupó de aquel portentoso libro. Después vendría el poeta Salvador Espriu (1913-1985), autor de La pell de brau (La piel de toro), publicado en 1960 y popularizado por el extraordinario músico Raimon. Tengo aquel libro clásico en edición bilingüe, catalán y español, traducido por José Agustín Goytisolo. Se ha dicho que Espriu recibió la influencia de Ramón del Valle Inclán y Gabriel Miró, oscilando entre lo lírico y lo esperpéntico el escritor cultivó casi todos los géneros literarios. Y la tercera personalidad fue Manuel Vázquez Montalbán (1927), el escritor más leído en España especialmente por su Serie Carballo, autor de un centenar de libros en el que se destaca Yo maté a Kennedy y cuya dilecta amistad fue cortada por su muerte súbita en el aeropuerto de Bangkok. Una muerte similar a la de Guayasamín esperando en el aeropuerto de Nueva York el avión que lo traslade a su país. Y los aviones trasladarían solamente sus restos mortales. La Universidad de Barcelona le tributó su sincero homenaje y asistimos yo con mi esposa Alcira, Joan Queralt y Angelis. En aquella ocasión conocimos al músico Raimon, a la escritora Rosa Regás y al Premio Nobel de Literatura José Saramago.
En lo que se refiere a José Agustín Goytisolo no le conocí personalmente sino a su hermano Juan Goytisolo en la Habana, Cuba, por los años 60, tiempo en el que escribió una serie de tres artículos sobre la realidad cubana, igual que Jean Paul Sartre, que me inspiraron para trabajar en lo mío. Mi punto de vista boliviano sobre la revolución cubana, de acuerdo con los enunciados de la Segunda Declaración de la Habana. Y de esa suerte nació mi crónica de viaje Cuba paloma de vuelo popular. Un escritor boliviano en la Cuba de Fidel Castro. Los Goytisolo constituyen una estirpe de tres hermanos escritores, especialmente novelistas: José Agustín (1928), Juan (1931) y Luis (1935). El año pasado, por el mes de octubre, hallándome en Madrid pude ver a Juan Goytisolo en la recepción del nuevo Académico de la Lengua, Excmo. Don José Manuel Sánchez Ron, que en su discurso de ingreso se ocupó de Elogio del mestizaje. Historia, lenguaje y ciencia. Juan Goytisolo es miembro de la Real Academia Española.

UN APÓSTOL DE LA CULTURA
Se me recompuso el ánimo. Aquella mañana del recuerdo comencé a ver al arquitecto Jaime Loayza con otros ojos, como un pionero excepcional, un creador cultural. Hombre de pensamiento y acción. Un guerrero sin derrota posible. Casado con la catalana Neus Conesa tiene cuatro hijos nacidos en tierra española y de nombres compuestos de catalán y quechua: Berta, Anna-Surumi, Wayra-Pau y Arawi-Andrea. Organizador de la Fundación Pachamama y fundador de la Casa de Bolivia en Catalunya, su labor rebasó la representación diplomática y cultural acreditada en Barcelona y Madrid.
La prensa española no se ha portado indiferente con la labor de Jaime Loayza. El diario El Periódico de Catalunya de abril del 2000, informó: “El periplo le ha convertido en un apóstol de la cultura en Sucre, también le ha desgastado las suelas y la cartera. Doscientas mil obras, ni más ni menos, ha recogido y facturado rumbo a Bolivia para levantar de la nada una biblioteca que honra a sus generosos donantes: la Salvador Espriu. “Todo era de valor, desde una novela desconocida hasta libros de formación”, relata el hombre que también ha forjado a ultramar la fiesta anual del libro”.
El Periódico califica la historia del arquitecto Loayza de una heroicidad tranquila, de una valentía sin decoración ni condecoración. Ha remitido 200.000 ejemplares, que equivale a 92 toneladas de peso, “casi 9 millones de pesetas en transporte marítimo que Loayza ha muñido de su bolsillo. Nadie le ha dado dinero, ni la Generalitat, ni el Ayuntamiento, ni el Gobierno boliviano, ni las ONG. Las instituciones deberían sentirse abochornadas por este desapego.”

PENSAMIENTO Y ESPÍRITU
Cuando aquella mañana del “secuestro” conocí las instalaciones del Complejo Cultural JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO ya todo estaba dispuesto correctamente. Todavía se advertía el olor a pintura de las paredes, estaba luchando contra el tiempo. Los 200.000 libros distribuidos en estantes especializados en todas las ramas del conocimiento. La venganza con creces de los pueblos a los déspotas que queman libros. Se adivinaba la intención ambiciosa del arquitecto. Refulgían sus pequeños ojos chuquisaqueños. El público después de franquear los controles de entrada dispone del libro que desea. Sin ninguna traba bajo el sistema de Estantería Abierta, es decir sin barreras, con el nuevo estilo democrático de difusión cultural.
El 23 de abril del año pasado inauguraron actividades en homenaje a Sant Jordi (San Jorge), Patrón de Catalunya y Día Mundial del Libro, también determinado por la UNESCO. Ya no se trata de una biblioteca de 92 toneladas de peso sino de 105 toneladas. La noche quedó atrás, han dejado las arcaicas instalaciones de la vieja estación ferroviaria llena de duendes que nos han dado los chilenos de 1904 con la complicidad de los políticos y también los mismos en 1999 nos han quitado. Ahora
lo que tiene y puede exhibir victoriosamente la Fundación Pachamama es un moderno edificio construido sobre un área de 5.000 metros cuadrados de superficie. Dependencias en planta alta y planta baja con bastante luz y aire. Un salón de exposiciones de pintura, escultura y dibujo. Un auditorio con capacidad para 300 personas en las que se den conferencias, se realicen simposios y actividades musicales, teatro y cine. Un ambiente excepcional para los niños “La Casa del Cuento”. En el semisótano un taller de trabajos manuales de encuadernación, carpintería, electricidad, mecánica y afines. No se olvidó en ningún momento las enseñanzas del gran precursor Simón Rodríguez, Maestro del Libertador, el abanderado de la Escuela Activa sobre la base del trabajo manual.
El Complejo Cultural de la Fundación Pachamama con gran poder de convocatoria presta servicios a más de 6.000 personas al mes. El nostálgico arquitecto Jaime Loayza esta vez siente saudades por la bendita tierra catalana y exclama íntimamente igual que Don Quijote: “Barcelona, archivo de la cortesía, abrigo de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.”
En Barcelona Jaime Loayza ha sido calificado de un Loco sensible y nostálgico, el primer eslabón de una larga cadena de constancia y esfuerzo que tiene su finalidad en Sucre, Capital de la República de Bolivia.
Después del edificio del Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia, la Fundación Pachamama constituye la mayor inversión económica realizada en labores que tienden a la difusión cultural y educativa en la bellísima ciudad de Sucre. La Capital del país, la culta Charcas se merecía aquellos homenajes de gratitud de sus hijos.
En la visita que hizo al Complejo Cultural el Presidente de la República Carlos Mesa, advirtió la falta de libros nacionales. Como hombre de la cultura se comprometió a dar el apoyo que precisa el Complejo Cultural para salvar aquella falencia.
Fotografía: Alberto Valeriano Apaza

Mientras escribo esto, se ha cerrado una puerta. Alguien ha dado vuelta a la página, se ha arrepentido o no por la compra de un libro. Un tercero busca o no algo en sus bolsillos. Estoy en La Paz pero vengo de El Alto, cruzo de una ciudad a otra, acompañado, como un ciego que cruza al otro lado de la avenida.
Ni perdón ni olvido.
Suena Me gustas tal como eres de Coco Guillen. Tengo un libro en manos y otros en el bolso, vengo de la feria Dieciséis de Julio. Llevo zapatos siendo que, por lo general, no visto zapatos. Llevo zapatos que llevan barro seco. Rutina de jueves y domingo que vengo practicando y practicando hace más de dos años; empolvando mis dedos, ensuciando mis manos. Hoy, lo crean o no, compré un libro que dentro de sus páginas resguardaba un billete de doscientos. Así es, no miento, compré un libro que dentro de sus páginas resguardaba un billete de doscientos bolivianos.
La feria te da sorpresas, sorpresas te da la feria.
Meses atrás, por citar otro ejemplo, conocí a Don Jorge. Don Jorge que, para pagar una deuda, llevó a la feria cajas y saquillos de yute que contenían tesis de licenciatura y libros; hoy sigue haciéndolo. Hace dos semanas le compré un par de libros y, por segunda vez, le pregunté si podía visitar su depósito. Al día siguiente, previa confirmación, y aún sin poder creerlo, estuve allí. Así me enteré que, trabajando en Kimberly Bolivia, él rescató libros y revistas que tenían por destino convertirse en papel higiénico; bibliotecas enteras que hoy ya no existen. Don Jorge puso a mi disposición dos cajas empolvadas que años atrás fueron compradas a ochenta centavos el kilo, una de ellas escondía a La Guerra con el Paraguay de Julio Diaz Arguedas, libro dedicado y autografiado que perteneció a la Biblioteca de Ismael Sotomayor; libro que ahora pertenece a la mía. Me mostró también, de entre los libros que no pensaba vender, la revista ENFOQUES en que hay una nota sobre la visita que Carlos Palenque hizo a Ekklesia semanas antes de su muerte. Hablamos de muchas cosas aquel día; hablamos dentro de aquel depósito lleno de cajas, libros, pósters y polvo; lleno de aparatos electrónicos descompuestos y polvo; lleno de un montón de cosas que no viene al caso clasificar. Sólo visité su depósito una vez, pero espero volver a hacerlo. Cada que puedo me acerco a saludarlo y a husmear entre los libros que expone en la feria. Cada que puedo, cada que quiero.
Ahora que lo pienso bien, he respetado el orden en que hago mi recorrido. Cruzo la pasarela que está sobre la avenida Seis de Marzo y colinda con el Teatro Andino, ingreso a “La riel” y me detengo antes de aquella iglesia emplazada por Sebastian Obermaier, saludo a Don Jorge y si me antojo me detengo frente a la iglesia, es decir, me detengo frente al puesto que cubre un sector del enrejado de la iglesia; sector en que como pejerrey o Ispi “Barato y bien servido, casero”. Retomo el camino y me acerco cada vez más a la avenida Ballivián, uno de los lugares donde comienza y termina la feria, la fer... ¿Puede acaso alguien decir dónde empieza y termina una feria?
Ciudad de El Alto, feria eterna. Ciudad que se extiende, que se aleja de sí misma.
Los megáfonos anuncian productos de medicina natural, cargadores y accesorios para teléfonos móviles, materiales escolares, herramientas a precios de desayuno popular y prendas íntimas accesibles para todo el público; los megáfonos reproducen anuncios grabados que se repiten cíclicamente, semana tras semana, amenazando con el infinito; ese infinito que durará lo que la mercadería.
Frente a mí hay dos senderos, uno que ya está asfaltado, está de subida, y otro que no. Elijo el segundo. Encuentro a Don Willy. Me avisa que ya vendió el libro de Wittegenestein que le había encargado. Allí está, lleva libros en su mochila pero no los muestra, sólo deja ver los que están expuestos sobre un metro de plástico no tan transparente que no ha sido utilizado para forrar cuadernos. Casi ya no le compro nada, pero sigo esperando que algún día se digne a llamarme para decirme que encontró alguno de los libros de la lista que le dejé el año pasado. Supongo que no, que nunca lo hará; ya sabe que soy librero.
Nuevamente el camino se bifurca, tomo el que baja y, para cuando escribo esto, está siendo adoquinado. Estoy al borde de una ciudad que es sólo precipicio. Aquí las cosas son baratísimas y a veces se encuentra libros interesantes. Paso por el puesto en que encontraré un billete de doscientos. La señora de rostro empolvado y quebradizo habla con su hija de rostro empolvado y quebradizo; ambas visten pantalón de tela, gorro y zapatillas deportivas. Tomo en manos Viaje a los mundos imaginarios, antología de cuentos realizada por Ernesto Sabato, decido llevármelo. Levanto un manual de bolsillo que lleva por título El marketing; no, no tengo la intención de comprarlo, pero me dirijo al índice y en el intento hallo a Franz Tamayo. Disimulando mi sorpresa, dirijo mi vista a los ojos de la comerciante que sigue conversando con su hija; no, no se ha dado cuenta. Pregunto por el precio de ambos y me dice que “A diez bolivianos cada uno”. Evalúo el coste de la pérdida en caso de que el billete sea falso. No es mucho, a lo más un almuerzo. Cínicamente, pido rebaja. Recibo una negativa tajante por respuesta. Pago con un billete de cien, es el billete de corte más chico que tengo. Podría extraer uno de doscientos, pero no es momento para abusar del humor negro, no lo es. Espero mi cambio, ya que es la hija la que me hace el cobro, ya que es ella la que deja el lugar para hacer cambiar el billete, para fraccionarlo. Guardo los libros en mi bolso, no pienso volver a hojearlos si no es estando lejos de allí. Recibo mi cambio. Agradezco y me voy. Agradezco y lamento la existencia de personas que no revisan lo que venden, que no saben lo que venden, y me voy.
Llego al puesto de Don Edgar. Llego al puesto de una de las pocas personas que leen parte de los libros que expone. Todos ellos están dentro de cajas de manzana chilena, cajas viejas que han sido reforzadas con cinta adhesiva una y otra vez. Muchos títulos que no se han ido, que llevan años acompañándolo. Entre tantos libros malos a veces se esconden los buenos. Aún recuerdo la vez en que hallé allí a la primera edición de Felipe Delgado de Jaime Sáenz, la del 79; la vez que yo le ofrecí el doble mientras el comprador le pedía rebaja; la vez que me miraron con odio y se llevaron el libro pagando lo pedido. Esta vez sólo tomo La encrucijada de Ovidio Urioste. Me despido de Don Edgar.
Dos señoras que visten pollera, pero no sombrero, se gritan, se remiten a un pasado comercial que desconozco, comparan su accionar y el de sus maridos; sus voces opacan a la cumbia chicha que sale de no sé dónde. Hay señoras y señores que voltean, yo acelero el paso, prosigo, meto las manos en los bolsillos.
Paso de largo por los puestos que venden cajas de televisores, ropa, cestería, trofeos, cubiertos de bronce, teclados de computadora, cajas de CD, juguetes rotos y envases de metal, plástico y vidrio. Dejo libros que son amontonados como si fuesen piedras, libros que forman una montaña que se va haciendo chica y desaparece; la montaña que hoy no está y de la que sólo quedan restos entremezclados entre cajas de CD, juguetes rotos y envases de metal, plástico y vidrio; la montaña que sí encontraré en una próxima visita y de la que me llevaré Rodolfo el descreido de David S. Villazón, Estancias de José Eduardo Guerra, la Primera antología poética de Gesta Bárbara y La pianola de Kurt Vonnegut, Jr.
Estoy por llegar a la avenida Ballivián, dejo aquel sector de la feria que se vaciará con la llegada del medio día. Doy un giro de trescientos cincuenta grados y piso sobre las pocas ferrovías que esperan la llegada de algún tren. Me detengo a tomar un jugo de naranja, pero es un rato no más. Prosigo caminando sobre las vigas, intentando no pisar tierra o barro, dejando caer mis pies sobre estos viejos pedazos de hierro. A mi izquierda está una ciudad que no se precipita; está el tipo que fui hace unos minutos, disipándose de mi memoria, recorriendo todo ese trecho ya contado. A la derecha, si miro abajo, si miro dos o tres metros abajo, están los muebles usados que buscan un nuevo hogar para confirmar su estado de vejez. Pie tras pie, camino con firmeza, apuro el paso y no me entretengo, dibujo un rostro poco amigable y lleno de desconfianza; aquí el que pasea es posible víctima de robo. Bajo allí donde están los muebles, piso terreno asfaltado, estoy casi a la altura de la calle Jorge Carrasco y me detengo para meter mis manos en el puesto más grande de libros de la feria. Hay muchos libros en inglés y alemán. Hay muchos autores que no me interesan. Encuentro el Homenaje al IV Centenario de la Fundación de La Paz del Boletín de la Sociedad Geográfica de La Paz y lo separo. Reconozco que aquí encontré libros que llevaba tiempo buscando. El que no olvido data de hace más de dos años, la primera edición de El pez de oro de Gamaliel Churata; libro que con bastante dolor vendí a unos antropólogos chilenos; libro que no he leído; libro que debo leer. Encuentro a Doña María y Don Carlos que todavía no saben mi nombre, que no lo sabrán hasta que, semanas después, pregunte yo por el suyo.
Recibo un empujón, me repongo y, sin querer, doy otro. Gritos. Un par de ojos hacen contacto con los míos, otro par los rechaza. Miradas que se pierden entre sombreros, polleras, pantalones, paraguas, zapatillas y abarcas. Miradas atrás mío.
Los carros de carga son empujados por personas vestidas de overol, se anuncia la llegada de alguien más. La mercadería, por orden del dueño, sale y entra del depósito. Los hijos de los comerciantes abren/cierran cajas y saquillos. Hay alguien atendiendo una consulta y alguien que no; alguien reorganizando su mercadería, hablando mal del que se ha ido; alguien en este lugar que, el próximo jueves o domingo, puede ya no ser suyo. La feria muta, se reorganiza. Es una feria que responde a un orden más allá del establecimiento de sectores para uno u otro producto. Ésta es la feria que muta, que se organiza y reorganiza cada jueves y domingo.
Llego por fin donde Don Carlos, el puesto en que he hallado muchos libros interesantes y caros. Conversando con Freddy, colega y amigo librero, me enteré del método de compra de Don Caros: Publica anuncios de compra de muebles en el periódico (y cuando hace la visita se fija no en los muebles sino en los libros que termina comprando a precios de revista). Detrás de su puesto está su depósito, está una cortina de metal que sube y baja cuando lo ve necesario. Por lo general, Don Carlos, no hace rebajas ni deja revisar en su depósito. Dentro, todavía se halla una lista de libros que le dejó un tal Max Tupa. Cuando le llevé unos libros, para negociar un trueque, me enteré de que además tiene una sala de proyección de vídeos en el “Barrio Chino”; estaba entrevistando a una señorita que quería trabajar allí. No, no podría decir que yo haya conversado con él, con Don Carlos. A más hemos intercambiado palabras en el caso de que se haya concretado una transacción. Una vez le oí decir que, lo ha decidido, venderá libros hasta que se muera. Me parece raro que tales palabras salgan de alguien que no lee lo que tiene, pero sí sabe manejar un negocio; me parece raro, pero le creo. Media hora revisando entre libros que alguna vez ya estuvieron en mis manos, que alguna vez ya vi. Meto en mi bolso Cinco de Rodrigo Hasbún, La piedra imán de Jaime Sáenz, Corazón de perro de Mijail Bulgákov y Yo, Claudio de Robert Graves.
Hay alguien acercándose de un puesto a otro. No parece, pero es un acercamiento paulatino. No parece, pero es el mismo hombre, acercándose más, acercándose menos; el mismo, con diferente rostro, con diferente nombre y apellido. Ese hombre recorre todos los puestos, a veces sólo con la mirada, preguntando, callando.
Uno toma en manos un producto en oferta, revisándolo de arriba a abajo. Otro recibe un billete, revisándolo, también, de arriba a abajo.
Me detengo, nuevamente, en el puesto de unas señoras grotescamente gordas que tratan a sus clientes como a basura. Doy una mirada rápida. Son los mismos libros de siempre, llenos de polvo, haciéndose polvo. Supongo que renuevan una o dos veces al año. Una vez me llevé muchos Ibros buenos, sigo esperando a que tal cosa se repita.
Camino sobre adoquines calientes que queman la planta de los zapatos, sofocan mis pies. Camino y veo tarimas de fierro y madera que se suceden, que están cubiertas por tela, lona, yute o plástico; tarimas que me recuerdan a mi infancia, a las veces que madrugué en jueves y domingo para sacar cajas de libros que pesaban mucho; tarimas que no protegieron mis pies en tiempos de lluvia; tarimas que han usado, que seguirán usando, mi padre y mi madre para vender textos universitarios y de colegio sobre la avenida Alfonso Ugarte de esta feria en la que hoy me encuentro.
Prosigo.
Ahora estoy donde Don Jaime, le pido que me pase un libro, uno tras otro. Él lo hace mientras le pregunto su nombre; mientras me cuenta que los sábados por la mañana hay feria de libros en Ciudad Satélite y me recuerda que el alcalde de la ciudad, Edgar Patana, es también librero y mantiene su puesto en la feria de la dieciséis; mientras me hace saber que las diferentes asociaciones de expositores de libros se han reunido con el alcalde, pero sin concretar resultados; mientras me informa que los feriantes de Satélite pertenecen a la asociación llamada Chasquis, misma que no lleva buenas relaciones con las otras tres asociaciones de El Alto: Tupac Katari, Rincón Cultural, Kollasuyo; mientras me repite que él y sus compañeros están abiertos a realizar trueques y me reitera la invitación de sábado; mientras revisa los libros que le llevé para trocar y me dice que apenas le interesa uno; mientras me cobra el monto finalmente acordado por los libros que me llevo: Diccionario humorístico de Jorge Síntes Pros (recopilador), Novelas escogidas de Frans Ëemil Sillanpää, Obras escogidas de Sully Prudhomme, El indio en la novela de América de Aída Cometta Manzoni y Discovering literature de Hans P. Guth y Gabriele L. Rico.
Intento sumarme a una fila que va contra corriente. Avanzamos lentamente, esperando que pase el que viene en dirección contraria. Obviamente son más lo que vienen que los que se van, pero en horas más ya no será así.
Esta vez no pasaré cerca de los relojes detenidos que llevan un cuarto de siglo embolsados, un cuarto de siglo enumerados con letra gótica, cartulina y marcador negro. No veré ganar a nadie jugando a la suerte con/sin blanca. No escucharé un “¿Dónde está la bolita?” No veré a los ganadores de siempre, a los cómplices del árbitro del juego y la fortuna. Tampoco controlaré mi peso ni escucharé las palabras cautivantes del pajpaku. Ya lo hice, fue hace años, ¿para qué arruinar tantos recuerdos?
Llevo el bolso repleto y una bolsa de plástico negra. Mis cejas retienen al sudor que corre por mi frente. Paso un pedazo de papel higiénico sobre mi piel húmeda, me sueno la nariz con otro. Desciendo mientras hago uso de estas gradas. Reviso titulares de periódicos. Noto que, antes de llegar a la autopista, sobre estas gradas que conectan a la feria con los que están fuera de ella, paso por el lugar en que ya no está aquel joven que, vestido de negro, vendía libros difíciles de encontrar, libros impresos en papel bond y a pedido; el joven que, según Rolando Barral, está en el penal de San Pedro por haber brindado información a la policía sobre el probable paradero de los asesinos de Loui Oporto Almaraz: el estudiante de antropología que fue hallado enterrado en la habitación de la casa de uno de sus amigos.
Cruzo la pasarela. Estoy por tomar el vehículo que me llevará a La Paz. Está por cerrarse una puerta; está la primera vez en que visité la feria Dieciséis de Julio y la primera vez que visité la feria de Alto Lima, la de los lunes y viernes, a la que llaman Sajra Qhatu; está mi barrio y está allí Don Freddy, miércoles y sábado, llamando a casa, preguntando por mí, diciéndome que tiene novedades literarias; está la feria del sábado de la que me habló Don Jaime, a la que iré por primera vez en días más. Están todos los otros lugares en los que compro libros, pero cada una de ellos es otra historia.
Total: Alguien ha dado vuelta a la página. Alguien no.
Publicado en Fuentes, Nro. 30, en febrero de 2014



            Recuerdo que en su tiempo dije a Daniel Averanga, Rodrigo Urquiola Flores, Christian J. Kanahuaty y un público reunido en el Teatro Trono de la ciudad de El Alto, lo siguiente: “La Esperanza es la madre del terror”. Recuerdo que con el paso del tiempo he llegado a replantear lo dicho porque… “Esperanza tiene muchos hijos”, o es eso, o le estoy atribuyendo hijos que nunca tuvo. Hoy, creo en lo siguiente, creo en lo que no antecede a lo antes dicho: “La Esperanza es, además, madre de la Vergüenza”.
            Llega el momento en que ocurre algo inesperado, algo que nos lleva a hacer lo grato-inesperado, lo grato-esperado, lo ingrato-inesperado, lo ingrato-esperado. Y eso, eso es, Esperanza está allí, escondida, entre esas cuatro combinaciones… porque incluso no esperar es una forma de hacerlo.
Y es que entre sacrificios, y con mucha Esperanza, sucesivamente cometemos actos vergonzosos. Lo predecible pero inesperado. El acto de escribir, por ejemplo. De contar que a eso de las 13:30 recibí el golpe de un indigente. Un salto, un codazo en la espalda; una sorpresa. Ambos íbamos en direcciones opuestas y, tal vez, lo que él quiso hacer fue acelerar mi paso, alentarme a seguir con mi camino, exhortarme a no mirar atrás… pero lo hizo en una posición tan incómoda, con tan poca fortuna, que su golpe apenas me rozó, me empujó más bien poco; ni siquiera me vi obligado a detenerme.
Yo no sé si, después de lo ocurrido, él continuó con su camino. No miré atrás aquel entonces, es ahora, es ahora que recién lo estoy haciendo. Me detengo ante la nueva incertidumbre, con cierta vergüenza por llamarla Nueva, con cierta vergüenza porque me expongo. Quisiera saberlo, quisiera saber si su camino consiste en avanzar y repartir golpes a la gente… Él, repartiendo golpes a la indiegente que se lo merece y no.
Avanzo entonces, no ahora. Continuar fue el camino, reflexionar el presente texto, mojarme un poco la nuca, ver si mi espalda no ha sido manchada ConVáyaseASaberQué, salir de un lugar para volver a salir de otro, encender la máquina con teclas y escribir.
Escribir, escribir con Esperanza; causando vergüenzas ajenas y propias, desilusionando a los que se dicen mis amigos, mis familiares, mis autores, mis libros… Pero hacerlo. No tener vergüenza de hacerlo, de haberlo hecho, de continuar con mi camino que es y no el de otros; opuesto, enrevesado, recreativo-fragmentario, creativo-fragmentario, retórico.
. Desde que alguien se adelanta a alguien más, uno se queda así como esperando. Esperando estar preparado sin estarlo nunca. Y llega la vergüenza. Le llegará también al perro que me llamó Cínico, al caballo llamado Ajetivo… Pero no, no me avergüenzo de haberlo hecho, de haber avanzado, de haberlo digerido sin mirar atrás… Aunque, por otro lado, cuando menos lo espere, tal vez sí me avergüence un poco, un poco de haberlo compartido, de haberlo escrito.

La Paz, 11 de enero de 2013

PD: Esperanza es el nombre de mi ordenador portátil.


Días movidos, muy movidos son estos. Llevo años recibiendo hostilidad injustificada por parte de los perros (mascotas de mis vecinos o de mis amigos), llevo años afrontándolos a mi paso mientras los miro fijo a los ojos cuando ellos me asedian. Perro, concepto de un bello animal al que mi querida madre le da el significado de ladrón si sueño con ellos. Animal que aparece de manera más o menos regular mientras duermo y con el cual he dejado de soñar desde hace un par de semanas.

Perro, palabra que amamos Díogenes de Sinope y yo, palabra que dio origen al nombre de los cínicos cuando fue asociada a dos acontecimientos por parte de sus fundadores:

El primero viene del lugar donde Antístenes, fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, que era el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significaría kyon argos, es decir perro ágil o perro blanco. El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente les apodaba con el nombre kynikos, que es la forma adjetiva de kyon, perro. Por tanto kynikos o cínicos sería similares al perro o aperrados.

¿Cuál la relación de todo esto conmigo?. Simple, hace unos días como lo conté fui asediado por unos ladrones que solo se llevaron una decepción y me dejaron una moneda. Hoy, un ladrón más profesional entro en mi vida, éste, no necesitó utilizar violencia física, a más aprovecharse de uno de los descuidos de mi mente.

A la fecha ando sin teléfono móvil, bueno, andaba hasta hoy, día en que motivado por la "crónica y denuncia de una amiga opté por dejar de comprar un equipo nuevo. Así sin más, de mucho tiempo caminé por calles de Villa Dolores y La Ceja de El Alto en búsqueda de un aparato "de segunda mano". Soy de esas personas que se consideran buen comprador, porque siempre comparo precios, reviso el interior de los equipos para ver el número del modelo, hago la prueba los equipos, luego voy a navegar en Internet, analizó la posibilidad y si lo veo conveniente, regreso al lugar para hacer la compra.

¿Qué falló entonces? En mi búsqueda encontré en varias tiendas un equipo de mi agrado, sin embargo el precio no me parecía el más conveniente, en ninguna hallé tal aparatito por menos de Bs. 400. Así, pasada media hora de mi búsqueda en las afueras de una de esas tiendas, apareció un tipo ofreciéndome un equipo acorde a mis necesidades por Bs. 300.

"Muy caro" le dije, "revisálo, está bien" me dijo. Yo tomé el equipo, navegué por su menú para verificar el funcionamiento del aparato, revisé la batería, la memoria externa y luego entregué el equipo para que el sujeto pusiese las partes en su lugar. "Te doy 250" le dije, "noooo, hazme una mejor oferta. ¿A cuanto encuentras este equipo en las tiendas?" me dijo mientras ponía las cosas en su lugar", "yo sé, pero es lo que puedo ofrecerte" le dije, "mmmm, ya ni modo, porque recién lo he jalado" dijo, "vale, pero ojalá no sea yo tu próxima víctima" dije mientras sacaba el dinero y le pagaba. Así, recibí el equipo, miré de un lado a otro para cerciorarme de que no me vengan luego con el cuanto del tío "ese es mi celular joven y este el ladrón...". Inmediatamente tomé uno de los vehículos de transporte público con rumbo a La Paz.

Al llegar a La Paz y estando dentro de mi negocio, traté de manipular el equipo, de encenderlo, pero nada; traté de desplazar la carcasa para ver si la batería estaba fallando, y no cedía. Así, con un poco más de fuerza la carcasa terminó abriéndose en dos; sorpresa, dentro estaba lleno de masilla. De no ser porque a la fecha el dinero no es preocupación y las enseñanzas recogidas de Diógenes de Sinope (entre otros maestros de vida), estuviese con un humor de mierda al escribir esto. Pero no, opto por reír y comunicar a los amigos el suceso. ¿Por qué?. Porque esta es una perra pero muy hermosa vida, y así perra, me gusta.



Bueno pues, como habrán leído, en el título del post dice la palabra meme, así que no me queda más que pasar el Meme: "Cuento del tío" a los amics:

Mario Durán
Oscar Martínez
Rodrigo Romero
Pepe Fuentes




¿Punto final?


Imagina a un tipo abandonando el cálido espacio que albergaba a su trasero. Imagínalo saliendo casi sin abrigo al frío de una calle desierta a las cuatro de la mañana. Un tipo caminando después de haber tomado unos tragos y no satisfecho con ello después de haber tomado una siesta mientras el coche hacía el trayecto La Paz - El Alto.

Imagina ahora que la persona en cuestión cae al suelo de espaldas lentamente, y en su caída nota que a su alrededor se encuentran cuatro desconocidos; uno de ellos sosteniendo con fuerza una cuerda que en ese momento cumple una función, quitar el aire al incauto de turno, eso, mientras dos de los otros tres desconocidos le esculcan los bolsillos con la esperanza de una grata sorpresa, pero nada, nueva decepción. Un minuto olvidable para los presentes, menos para uno.

¿Te es difícil imaginar la "fortuna" del "desafortunado"? No te preocupes, yo te ayudo.

Imagina al individuo riendo, bueno, tratando de contener su risa mientras camina y deja cada vez más lejos el lugar del suceso. Imagínalo así, a unos pasos de llegar a otro ecosistema, lugar en el que ahora se siente más seguro, rodeado por gente con la que comparte un objetivo, abandonar lo antes posible tan frío espacio; cosa posible para quienes encuentren determinada línea de transporte público o a un taxista que dé el visto bueno a uno de sus presupuestos.

–¿Por qué reía el tipo? –Calma. Las cosas a su tiempo. -Mmmm bueno. -¿Puedo seguir? -Si. -Podría, de no ser porque me interrumpiste ¿Dónde me quedé? -En lo de las risas y el transporte público -¡Aja!

Para resumir ya que según parece tienes otras cosas que hacer, imagina al tipo encontrando a un taxista que apruebe su presupuesto y lo lleve a casa. Una vez detenido el coche, imagínalo contando sus monedas, pagando y segundos después dando vía libre a la risa contenida mientras su mirada perdida apunta al suelo y con una mano agarra su mentón. Cosa diferente estar al otro lado de la puerta, estar ya en casa.

-¿Pero no que los ladrones le esculcaron el bolsillo y se llevaron una decepción? -Eres un lector atento. ¿Pero acaso no tenías otras cosas que hacer? -Todos tenemos cosas que hacer pero si voy a perder mi tiempo que sea mientras tú sigas perdiendo el tuyo. -Por culpa de tu provocación pararía aquí el relato, pero no voy a hacerlo, de actuar así dejaría abierta la posibilidad de ser catalogado como mediocre por mis otros lectores y los detractores. -Esa posibilidad ha estado abierta desde que asumiste eso de que leer siempre lleva a escribir. -¡Aaaarg! Calla canalla, voy a continuar lo quieras o no. -En ningún momento dije que no debas hacerlo.

Siempre queda abierta la pequeñísima probabilidad de que los ladrones no esculquen bien. Pues nada, eso sucedió. Si el individuo habrá sido de sus primeras víctimas, no lo sé. Sabiendo eso, imagina entonces las caras de los responsables de la caída del agredido al encontrar tan solo algo de papel higiénico en sus bolsillos, imagínalos asumiendo resignados la posición del "ni modo, veamos como nos va con el siguiente", alejándose del lugar y dejando tendido al tipo en el suelo. Eso, hasta que uno de ellos vuelve para tenderle el brazo, lo levanta, saca de su bolsillo una moneda grande y le dice "Tomá, para tu pasaje. Che, ¿me escuchas? Esa moneda es para tu pasaje". Reacción sorpresiva que lleva a que se produzca por respuesta una palabra sonando a pregunta, "gracias".

-¿Cómo carajos pasan cosas como estas? -Yo que sé, yo solo juego acá el rol de hacer preguntas e interrumpir tu relato, pero esta vez preferiría que continúes. -Continúo entonces.

Imagina finalmente que el personaje de este suceso no es producto de la ficción. Imagina que soy yo, si, yo, quién escribe estas líneas un día después del suceso. ¿Si tenía teléfono móvil? No, hace meses que ando sin uno y de tenerlo ya no lo llevaría para acontecimientos en que haya alcohol de por medio. ¿Tarjeta de débito o Cédula de Identidad? Tampoco las llevo cuando es necesario doblar rutinariamente el codo sosteniendo un vaso. ¿Cuánto tenía en el bolsillo? Doce bolivianos con veinte centavos en monedas. Más la moneda del (para mi) respetable ladrón, trece bolivianos con veinte centavos en monedas. ¿Cuánto cobró el taxista? Doce bolivianos. ¿Dónde estuve antes? Preparándome (sin saberlo) para reforzar dos razonamientos, primero, una cosa se debe a otra y esta a otra, y esta a..., segundo, siempre será demasiado temprano para alegrarnos o ponernos tristes.

Me explico.

Terminada una jornada más en mi negocio de libros. No dudé en ir al Ëtno café a pesar de no hacerlo acompañado, tocaba celebrar con sus administradores y amigos sus cinco años funcionando. ¿A qué se debía tal necesidad? A que ese lugar y su gente (en cuatro de sus cinco años) siempre me hicieron sentir incluso mejor que en casa. Encontré a un par de viejos amigos, bebí cuatro vasos de té con té y una copa de ajenjo mientras acariciaba a mis oídos la música del lugar. Eso, hasta que noté que ya estaba llegado al límite de mi presupuesto y decidí abandonar.

Después de pagar y despedirme de los amigos bajé al centro de la ciudad de La Paz. Comí en la calle un plato que lleva jigote, carne y arroz; acá todos le llaman bistec. Saciada el hambre, volvió y ganó la tentación por conocer un boliche abierto hace un par de meses en La Paz, "El magnate". Ingresé, pedí una cerveza y ya cuando estaba por acabarla un tipo en grave estado de ebriedad se acerco a mi mesa y se sentó, pidió una cerveza, me la invitó a pesar de advertirle que no tener dinero para invitar otra. De rato en rato él abandonaba su asiento para demostrar sus habilidades como bailarín, trataba sin éxito de flirtear con una muchacha, luego con otra, y otra, hasta que lo perdí de vista y noté que me había dejado la botella. Bebí hasta terminar su contenido y luego abandoné el espacioso lugar no sin antes recomendar a una niña que tenga más cuidado con su bolso olvidado junto a su amiga durmiendo en una mesa mientras ella iba al baño. Había pasado casi una hora tolerando el ruido para mi producido por el reggeaton y las baladas latinas.

Una vez afuera y antes de tomar una de las líneas que me llevasen a la ciudad de El Alto, el reloj marcaba las 3:30 del sábado. Horas más tarde tengo una historia más para atravesar sin dificultad los linderos que separan a la sonrisa de la risa. Horas más tarde vuelvo a reír mirando al suelo al leer y releer este relato que no es "Pacto entre caballeros" de Joaquin Sabina, pero ambos estamos seguros de que "No pasaba de los veinte el mayor de los tres chicos que vinieron a atracarme...".

PD: Mi cuello está bien, les recuerdo que casi siempre utilizo jerseys de cuello alto ;-).


Llevo tiempo tratando de diferenciar lo que es y no es snob. Tengo una bella amiga limeña que se la pasa diciéndole a su novio snob, pero no se lo dice con el ánimo de ofender, a más utiliza dicha palabra con ánimos de molestarlo. Por otro lado tengo a la fecha a un nuy querido amigo, Pablo Martinez, quién define como snob a toda persona que sigue una o más modas.

También he vivido momentos de conversaciones con conocidos y amigos que no escuchan de razones, le dan vuelas al rizo tantas veces con un solo objetivo, el no ceder en lo más mínimo respecto de su opinión. Gente que no escucharía de razones cuando les hablas de determinados gustos artísticos, comportamientos de extranjeros , comportamientos de locales, partidismos políticos, modelos de gestión, utilización de herramientas tecnológicas, admiración respecto a una persona, modalidades turísticas, bla, bla, bla.

Así sin más el ya pasado martes 08 de junio me dio por decir "cada vez me estoy volviendo más snob, cuando hay gustos artísticos con los que no coincido me da por atacar a los simpatizantes de". Cosa que llevo a un intercambio de palabras con otra querida Amiga Jowi Loayza quién me preguntó "¿no querer hablar con nadie y vivir entre oscuridad, libros y agua es ser snob? ¿Mi respuesta? "Si lo haces por demostrar algo a un círculo social pues si".

Y es que considero que el esnobismo va acompañado de un par de elementos vitales. El snob necesita en primer lugar un referente para actuar de manera similar, segundo que cuando hable se le escuche atentamente, necesita se le acepte dentro de algún tipo de logia con poder socioeconómico, tribu urbana, equipo de fútbol barrial, o hasta por un amigo o amiga. Solo así siente ánimos por acrecentar sus acciones y acopio de conocimientos y capacidades respecto del elemento que lo convierte en alguien importante.

La wikipedia tiene un artículo corto sobre el "Esnob" pero que a la vez facilita datos históricos del origen de la palabra con la cual podemos definir a todo aquel que imita a otro con un único objetivo, cambiar de círculo social para renegar luego del círculo al que actualmente pertenece.

Leyendo tal definición me hice de una interpretación que me llevó a verter arriesgada opinión: "entonces Bolivia es uno de los países en que más del 50% de sus habitantes son snobs". Ante tal aseveración Rodolfo Castro me hizo una pregunta "¿Pero quién dice? ¿De dónde viene la estadísitca?". Ordenando mejor las ideas le respondí con un "Es una cuestión de transposición del caso de luchas sociales, analogar la información consumida y ofertada por los medios de comunicación masivos, política y farándula sobre todo. Tal vez mi respuesta no sea la más correcta, pero es bueno criticarnos (incluyéndonos personalmente) para transformar realidades".

Me parece gracioso repetir en este texto tal intercambio de criterios, pero no creo equivocarme por mucho. El mundo en el que vivimos a inicios del Siglo XXI es la clara evidencia de que uno no desea ser quién es, o para ser más claro estos son tiempos en que son los menos quienes deciden recibir más influencia de unos que de otros. No creo que todos somos dueños de nuestro destino, pero si creo que todos somos dueños no solo de nuestro destino.

Al momento de responder a la pregunta de Jowi Loayza, le hice conocer además la definición que más me gusta a la fecha (la "cree" ese momento)

Definición personal de Snob

Persona que se adhiere a una clasificación estética, temática solo para demostrar cuanto puede saber al respecto, razón por la que se encuentra alerta ante la posibilidad de que surja una conversación en la cual se incluya a ese objeto de estudio. Por lo general los snobs no son peligrosos, aún así su círculo social es reducido debido a que terminan siendo tachados/as de aburridos/as. Sin tanta verborrea y para sintetizar un snob es una de esas personas que cuando se emocionan no hay quién le cierre la boca.

Tal definición fue corregida por Jowi en algunos puntos: "(.. de aburrido/as o pedantes.) Además, somos verborrágicos por excelencia".

Yo si me declaro snob, al parecer ella también. ¿Pero por qué me declaro snob? No sé ustedes, pero a mi me gusta ser snob, creo que la mejor forma de no serlo es asumir ante los demás que uno es tal. Deslindarnos de las características que nos hacen menos sociales, requisito para uno de los juegos que más me gustan, jugar con la sociedad tal y como esta constituida. El mundo de las apariencias. Hace tiempo dije algo parecido a lo siguiente "me gusta que algunas personas crean que soy aburrido, de esta forma son los menos los que me darán la opción de demostrarles lo contrario". ¿Una respuesta razonable? Puede que si, más aún si llevas tiempo conociendo y conociendo personas, ante tal acción no es de extrañar el que que llegue el momento en que ya nos consideres necesario hacer tantos esfuerzos para conocer a más gente.

¿He abierto más dudas que certezas? Dejo a interpretación personal si mi intención ha sido esa. Además al declararme y no declararme snob les dejo una duda más, si es que he utilizado a proposito este lenguaje rebuscado.

No quisiera cerrar temporalmente este comunicado sin hacer un esfuerzo más en aras de evitar que hayan perdido vanamente su tiempo. Lo único que quería decirles con todo esto es que: La concupiscencia no será de los snobs, con ello no quiero decir que lo será para quienes dejan pasar su vida tratando de identificar a un snob.

¿Punto final?
El pasado uno de noviembre, tuve el grato placer se asistir al preste de la carrera de literatura de la UMSA, esto debido a la invitación que me hizo una amiga en la Contraferia del Libro. Conocí al Tata Renecito, fruto de la imaginación y el reconocimiento de Adolfo Cárdenas a René Bascopé.

Una cosa llevó a la otra, así, ni bien terminada la recepción nos fuimos a la vivienda de uno de los asistentes. La jarana continuó rimbombante, so pretexto de homenajear al Tata Renecito. En tal escenario reencontré, en plena tertulia, a una amiga junto a otra amiga.

No tengo certeza de haberme portado coqueto o pesado con alguna de ellas. Pero ni bien salidos los primeros rayos del día, termine yéndome de dicha morada muy bien acompañado. Cada una se sostenía de uno de mis dos brazos, ¿o era yo quién se sostenía?

De ellas nunca fui algo más que un amigo, pero la parecer una no lo entendió así. Repentinamente, ¡zas!, "garras stronguistas" cayeron sobre mi rostro. Risas de por medio preferí hacer el despiste. Caminando, llegué a la Pérez, ingresé a un mingitorio para lavarme el rostro, luego caldito de pollo "para curar las heridas".

Una situación como esta merece al menos le dedique unos versos a la susodicha.

PRÓCER
Soy un mártir de las apariencias,
un prócer que acogió a tus uñas pesadas.
No diste lugar a mis explicaciones.
¿Que te parece si hacemos una apuesta?
A que mis heridas sanan antes que las tuyas.

En un lugar lejano del universo. Más precisamente en una parte de la plaza San Francisco convertida en acera. Hay un escaparate que colinda con cierto túnel "virginal", un túnel que todos miran pero "nadie" toca. Allí, desarrollose un bullicio realmente ficcionario, e incomprensible por los ajenos al folklore de una ciudad llamada La Paz, Bolivia. Un escenario al que me acerco para ser recibido "muy amablemente".

Ayudante de Manqapayera: Si señorita (probablemente debido a mi melena), es decir joven . ¿Que se va a servir?

Yo: No sé todavía. ¿Que tiene pues?

Manqapayera: Hay Wallake, Ají de papa con Mauri y Carachi.

Yo: Un picantito que sea casera.

Manquapayera (predisponiéndose a servir es interrumpida por otro comensal quién predispuesto le da aun billete de corte fuerte): Ahora si joven, te voy a perjudicar por no tener sueltitos. Esperate un rato (se dirige a la ayudante) Anda a cambiar estos cien.

Yo: Casera ¿mi platito?.

Manqapayera(predisponiéndose a servir): Ya va joven (de repente aparecen unos frutillitas, es decir guardias municipales).

Guardias municipales (en su recorrido de control matutino): Señora tiene que ponerse su boina (pareciera que se retiran, sin embargo retroceden). Además tiene que tener esto un poco más ordenado. Ni siquiera su ayudante esta uniformada.

Manqapayera: Estee.. Pero si solo a lavar los platos me esta ayudando. Otra persona me sabe venir a ayudar. Aquí esta mi boina (una red para el cabello tejida en lana blanca es dirigida a su cabeza), ya me estoy poniendo.

Guardias municipales (se retiran sin inferir más que muecas entre molestia y antojo)

Vecina que vende refrescos de q'isa (alarmada): Amuqui. Ya no más dile. Estos son abusivos. No son los otros jóvenes buenitos. Estos maldiiitos son.

Comensal 1: ¿Casera me yapas sopa?

Manqapayera (sirviéndole): Pero si ya te he dado.

Comensal 1 o sea el mismo: Es que riquito estaba pues.

Yo (dejando atras mi impaciencia e intención de abandonar mi pedido ante tal comentario): Caserita, servime pues.

Manqapayera: ¿Con chuño o qaya joven?

Yo: Las dos cosas.

Casera: Uta joven se me habían partido algunos mauris, por eso no más le voy a yapar pesacadito. Un mauri más.

Yo (recibiendo agradecido el plato mientras en el túnel de la San Francisco dos peatones orinan): Gracias case (me pongo a comer).

Comensal 2 cholita: ¿Sopita de tu Wallake me invitas casera?

Amiga de la comensal cholita (se acerca a saludar): Provecho Valeria.

Comensal 2 o la cholita en cuestión: Gracias. ¿Dónde estas yendo?

Amiga de la comensal 2: Aquí pues no más a vender. Yo pensé que ya habías salido a tu puesto. Nos vemos (se despide y se pone a anunciar) ¡¡¡Clinex, clinex llevate a un bolivianitooo!!!

Manqapayera (en plena conversación mientras sirve distraida otro plato de Ají de papas)

Comensal 3 (al recibir el plato se levanta admirado): ¿¿¿Y mi pescado???

Todos (ríen y yo casi me atraganto).

Manqapayera (sirve los pescados y le aumenta ají de papa al comensal riendo): Aquí esta joven, vas a disculpar.

Yo (terminado el plato): Gracias case. Sopita por favor.

Manqapayera (atiende a mi pedido mientras unos cleferitos se le acercan a pedir comida): Sirvase joven; (se dirige a los otros) Vuelvansen más tardecita ¿ya?

Yo (acabada la sopa y recordando que antes habían pedido más sopa aún): ¿Un poquito más puede ser casera?

Manqapayera: No joven, ya te he yapado sopa. El otro joven casero es siempre.

Yo: Ni modo casera en otra sera (revisando mis bolsillos) ¿Cuanto le debo?

Casera: Ocho bolivianitos.

Yo: No tengo sueltos. Le haré renegar.

Casera: Ni modo joven a ti también te voy a tener que perjudicar por no tener sueltitos.

Yo: (Espero. Respiro pensando como no había comido durante todo este tiempo nunca en este lugar. En esos momentos en que el chaki no perdona. Ahora ya se donde más puedo ir a recargar a mi maltrecho cuerpo de nuevas energías populares. Después de todo no soy cosmopolita, sino un cosmochukuta): ¿No me va a dar puras moneditas ya case? Uno de mis bolsillos no más esta sano.

Vuelto en mano, es decir en el bolsillo, vuelta a la realidad.
Va. Seis de Agosto de dos mil ocho años.

Busco una cerveza. No la encuentro.

O mejor dicho. Si la encuentro.

La casera no tiene cambio. Yo no tengo sueltos.
Me dirijo a un cyber en mi zona Santiago II, El Alto.

Pienso y repienso un escrito.

Considero en un mínimo a mi carga de patriotismo.

Desde twitter recibo una felicitación.

Algo debo hacer. Respondo a la felicitación. Comienzo a repartir felicidades a algunos bloguivianos twitteros.

Entro a Flickr solo con la intención de compartir una imagen ajena en uno de mis blogs.

Inserto Bolivia en el buscador de Flickr. El buscador ejerce su función cual admirable funcionario público -si yo sé de estos hay pocos-.

Mi juicio de valor se desarma. Que bella es Bolivia. O al menos cuan bella aquí se muestra en su región andina. ¿Pero por que me siento repentinamente molesto?

Yo soy andino, tu eres andino. Nosotros somos andinos. ¿Ustedes no son andinos?

Entro en cuenta del motivo de mi molestia. Se ha estereotipado demasiado a nuestro país como a un país andino. Si, las bellas fotos solo representan al altiplano en estos primeros resultados.

Cualquiera que viese mi cara ante las imágenes podría tacharme de idiota. Sonrío como tal. Mi ironía debe plasmarse en algún lugar. Por supuesto, yo también tengo un blog. Y al parecer no soy tan de los andes, sino soy de Bolivia.

Pero ¿Qué es Bolivia?

Bolivia es...

Bolivia es tantas cosas. Es... Es... Es un proceso evolutivo en un espacio geográfico con playas que no precisamente son marítimas. Es el festejo consecutivo de sus derrotas, puesto que muchas victorias que se diga no ha tenido. Es rock, regueton, villeras, cumbia, chicha, folklore. Es comida frita en la ciudad, seca y natural en el campo. Es una cantidad envidiable de regiones ecológicas, climáticas y vegetativas. Es fauna, flora endémica e importada. Es madre de hijos con diferentes tonalidades de piel y diferentes acentos en su lengua oficial. Es más de 36 idiomas. Es la madre esperando el retorno de su hijo migrante. Es quién paga las irracionalidades de sus hijos más interesados en el poder. Es el suceder de hijos adoptivos y natales actuando en desfavor de su madre. Es la democracia producto de los gobiernos producidos por golpes de estado. Es la muerte de cobardes y valientes. Es más de 1800 atractivos turísticos. Es el infinito, la razón de este fragmento.

Entonces no soy andino. Y si no soy andino ¿Que soy?

Bloguiviano.

Pero ese es un neologismo.

¡Ah!

Es el lado geek de quién no conoce Bolivia y espera una congregación de seres humanos que comparten la nacionalidad boliviana.

De alguien que vive en Bolivia. ¿No?

Eso si.

Un sentimiento aflora en mi ser.

Chauvinismo algunos le dicen, pero no me explican la razón de tal apelativo. Yo le digo identidad nacional. Ser boliviano.

Nacionalidad que probablemente sea confundida con posición política de forma injustificada. Esto, puesto que ha llegado el mediodía y comienza a sonar por el estéreo el himno nacional emitido por alguna radio emisora local perteneciente al estado. Yo firme, en pie me pongo. Canto:




Bolivianos: el hado propicio


coronó nuestros votos y anhelo;


es ya libre, ya libre este suelo,


ya cesó su servil condición...





La imagen pertenece a luis canedo y el video a morenococani
DÍA UNO: ALASITA COINCIDE CON EL DÍA DE COMPADRES
La bellisima, paceñisima y tradicional fiesta de alasitas llegó. La idea como siempre fue la de ir a jugar canchitas, comprarme una maletita para seguir recorriendo el país y hacerla bendecir, para luego demostrar a mis amigos por enesima vez la carencia en mi de habilidades sin parangon para con el juego de las canchitas. Bajabamos por la calle J.J. Pérez para cumplir con la tradición,y en lo personal no atrasarme y dejar plantado ni por un minuto al Iqiqu, todo estaba pensado y listo para ser ejecutado, cuando de repente no más sentí una buena cantidad de serpentina rodear a mi cuello; para luego recibir mistura y un abrazo de felicitación por parte de una amiga, "felicidades compaaadreee". Jueves había sido y yo, ni cuenta me había dado de tamaña coincidencia, La fiesta de Compadres había llegado y el Carnaval se había mezclado con la Alasita. No, yo no soy chapaco, ni de tierras tropicales, tampoco es que sepa tocar guitarra ni mucho menos coplear, pero a las costumbres y tradiciones vivas no les importa si eres pues tarijeño(a) o de cualqueir rincón de nuestra Bolivia o el mundo; contagian a cualqueira las ganas de festejar. Así no más, recibí el abrazo con mucho gusto pues iría a ser la primera vez en que mi humanidad celebrarría la Fiesta de Compadres. La hora se acercaba, 12:00, y yo volviendo a mi inquebrantable deseo, regresé al 24 de enero, caminando todo serpentineado y mistureado ingresé entre una considerable cantidad de gente a la feria con mis wisk'us (ojotas) y mi lluch'u (gorro), ví a un señor cargado como el Iqiqu (Dios de la abundacia), quién tal vez pensando que le iría a hacer competencia en su labor de promocionar a la feria, encendió su altoparlante para dar la bienvenida a quienes estaban ingresando a la feria, cosa de la que se dieron cuenta mis amigos, pues uno de ellos gritó "mira un iqiqu igualito al Alessi, la diferencia es que el otro no esta todo carnavalero". Yo dejé pasar aquello, pues estaba más preocupado en cumplir con la tradición viva del 24 y me despedí de mis amigos y los dejé jugando canchitas, así fuí a adquirir mi maletita, mi chuspita y mis periodiquitos. Debí de haberl guardado mis nuevas adquisiciones una vez bendecidos después del medio día, ya que mis chit'i (pequeñas) pertenencias adquiridas con la ilusión de que se hagan realidad fueron motivo para una nueva analogación a mi persona: "El iqiqu se está escapando señores, se va a ir con nosotros pues nosotros lo vamos a festejar bien esta tarde". Por supuesto que el iqiqu no se escapó de la feria, ni mucho menos aquel día; sin en cambio quién escribe si fue muy bien tratado durante el resto de la tarde.

Entre amigos alejandonos de las mujeres y pidiendoles que vengan a buscarnos una vez entrada la noche para atendernos o bien para recojernos, festejamos el día de compadres; asi no más caminanado por el centro de la cioudad de La Paz, con unas cervecits en la mano y dialogando sobre una cantidad innumerable de cosas, cantabamos a voz viva "Pepino pandillero soy..."

DÍA DOS: FIESTA DE COMADRES
Mi amiga anteriormente citada, gustosa de la tradición chapaca, preparó unas tortas para regalarlo a sus comadres, así entre la lluvía en plena calle una vez realizado el encuentro entre ella y sus amigas, les hizo presente aquel símbol.o de amistad y luego invitó unas copitas de vino. En mi caso como había sido muy bien atendido por las comadres e incitado por la Comadre Mayor el pasado día de comapdres, no dudé en meter a la Alasita a su fiesta y les hice presente un "combito de alasitas" (vodkita krakovita + tampiquito).

A las comadres no les improtaba si llovería o no; tomaban y charlaban, mientras los compadres de la anterior semana siguiendo mi ejemplo las retuvieron con regalos bebibles que al fin y al cabo solo entre compadres irían a disfrutar; algo casi pareciedo a lo que hizo Homero al regalarle una bola de billar a March. Yo, a continuar con mis actividades diarias un poquito picado, pero disfrutando aún del carnaval.

DÍA TRES: CH'ALLA DE OFICINAS
Ni un día había pasado y la ch'alla de oficinas (ritual de petición y alimentación a la Pachamama) ya había llegado. Algo había que hacer; pero como mi persona solo tiene trabajos eventuales, más dedicada en este momento al estudio, una vez reunido con los de "La Pesada" decidió no ir a ch'allar esta vez la carrera (ultimadamente ingrata con nosotros). Era otro el espacio a ch'allar y e llamaba Atrio Universitario. Uno de los integrantes de "La Pesada" sacó Serpentina, y luego el otro y así sucesivamente. Como no podía faltar el cuetillo estaba presente y ya bien adornado el espacio con petalos de flores, confite, mistura y serpentina, hicimos estallar al cuetillo y hechar alcoholcito y cerveza al suelo para saciar la sed de la Pachamama. De repente no más, una de las amigas de su bolso dio un deleite a nuestro ojos y nuestros paladares con una botella de wisky; nos pusimos a cantar una cantidad de bailecitos y coplas carnavaleras, uno que otro huayño y hasta cumbia.

Yo tenía que viajar a Oruro, pero me enontraba indeciso, así no más dos de mis amigos de "La Pesada" influyeron en mi para actuar; así abandone a la tropa para hacerme con mis cosas. Llegando a casa aliste lo enteramente necesario: una cámara fotográfica, una chompa, un pantalón, prendas interiroes, medias, toalla, cepillo de dientes y demás insumos para partir a la terminal de El Alto. No fue sencillo encontrar bus, pues de antemano no habían a la venta boletos en las diferentes empresas que brindaban el transporte terrestre. De repente, me sentí aliviado por la existencia de gente que busca ganarse el sustento con su vehículo. "Sale a Oruro a 20 Bs." susurraba el chofer, probablemente para que de esta forma no acuda una manada de gente; solo quienes preguntaban si saldría el partícular y quienes escucharon la oferta del propietario del vehículo arribamos sin incomodidades el Bus". Arrancó la movilidad y llegó la hora de pagar, de repente el costo se vió incrementado a 25 Bs., por lo que me pareció un poco mañosa la actitud del "verdadero" propietario del cuatro ruedas, quién indicaba la igonoracia del chofer respecto a la tarifa. El señor "propietario", maleducadamente quería extraernos el monto último solicitado; habiendo una sinvergüeza comparación entre costos excesivos en la tarifa que cobraban los otros quienes vendían sus servicios en laTerminal de la ciudad de La Paz en medio de grandes colas. Los pasajeros, incluyendome no nos molestamos por el precio pero si le solicitamos un cambio en el tono de voz y en los modales al chofer.

Llegué a Oruro y como debía ser fuí a recorrer las gradería para verificar el cambio que sufriría la ruta de la entrada y comaparar precios de las graderías. Como no pudo ser de otra manera me vi tentado por la Verbena y una vez en faldas del cerro Pie de Gallo, al lado de la capilla del Socavón, escuche gustoso la Música de Llajtaymanta y disfrute de unas latas de cerveza. Debía dormir si deseaba disfrutar en serio el carnaval y así llamé a uno de mis amigos para que me acogiese en su casa como habíamos acordado. Una vez allí conocí a su hermano, quién me dio una buena bienvenida con unas dos cervezas. Así dormí hasta el día siguiente.

DÍA CUATRO: SÁBADO DE CARNAVAL EN ORURO
Tocó la hora de hacer negocio, adquirimos con anticipación unas graderías con mi amigo y fuimos a acomodarlas allá por la Av. 6 de Agosto (Av. del Folklore), no costo mucho. Una vez hecho eso, nos deleitamos con la entrada y alguna que otra vez cruzabamos la barda para sacar fotografías a algunas china supays (bailarinas de la danza de la Diablada de Oruro) y algunas china morenas (bailarinas de la danza de la morenada), de repente comenzó la globeada y entre cervezas disfrutamos hasta donde se puedo con este mi amigo del carnaval.

Tenía que encontrarme con otros amigos, dos integrantes de "La Pesada" para seguir disfrutando del carnaval y así los ubique cerca al Hotel Monarca, así, allí una vez con ellos cantamos y observabamos como la gente jugaba con agua, mientras hacíamos con nuestra maginación de ciertos seres "Personajes del carnaval". El Copa Bigotes: Un señor bigotudo que jugaba como changuito y se divertía como enano jugando con agua, al parecer subvencionaba a la gradería del frente de las acuosas municiones y tenía como pareja una señortia que en edad no se le comapraba. El Cachudo: El alma de la fiesta, un cumpa quién bailaba en la gradería y se ponía a cantar todos los temas que tocaban las bandas, saltaba la barda de restricción y se pondía a animar a nuestra gradería y a enfrentar a los globeros del frente; él y su sombrero de tres cuernos. Probablemente ambos aparezcan en las latas de cerveza el año que viene, ya que al menos dónde estabamos fueron quienes se hicieron notar y a nuestro humilde parecer, eran quienes merercían vovler con todos los gastos pagados al siguiente carnaval.

Las horas habían pasado y despues de una considerable cantidad de cervezas y entrando la noche, al grupo y a mi nos entraron ganas de bailar ya no sobre las graderías, sino detras de las bandas y los bailarines. Así, sin molestar mucho, al final de cada fraternidad entrabamos cantando y bailando como si fuesemos nosotros quienes le habíamos hecho la promesa a la virgen.

DOMINGO: ESPERA DEL ALBA Y CONTINUACIÓN DE LA ENTRADA
No quería dormir y no iría a hacerlo, deseaba estar presente una vez más en el recibimiento al Alba. Así me fuí a la Avenida Cívica solo y sin amigos (pues ya ellos se fueron a descansar). Así yo no más en una de las graderías deshabitadas me puse a saltar y bailar. Aunque, después de todo no era solo yo, eramos mi sombrero y yo quienes nos hacíamos de las delicias de la música acompañados de unas cuantas latas de cerveza. La hora se aproximaba y me puse a charlar con unos tipos de la majestuosidad del carnaval y de mis deseos de bailar alguna vez en él. Ellos me indicaban que ya lo habían hecho. De repente, me di cuenta que eran pacos (policías) vestidos de civil y me puse a recriminarles sus acciones innobles y el cuan malos eran especialmente en la policía turística. Preferí alejarme de ellos, una vez hecho aquello, en otro espacio me hice amigos de unos argentinos que me cayeron muy bien, a quienes trate de transmitir un poco de mis conocimientos en danza folklórica. A la mujer que estaba con ellos (hermosa por cierto) le pedí se ponga mi sombrero. Fuí a comprar cerveza y me olvidé por completo de los nuevos amigos hechos, probablemente debido a mi objetivo: asisitir al alba. Por mucho para mi esta vez pero, me vi decepcionado al verla disminuida en su majestuisidad. El escuchar una sola banda no me pareció agradable y me entraron las ganas de descansar.

Tomé un vehículo para ir a descansara la zona norte. Me pasé. Tomé otro vehículo para quedarme en el Stadium que es por donde estaba alojado y me volví a pasar. El dios del sueño se había apoderado de mí. Tome un nuevo coche prometioendo no dormir y así fue, llegué a donde debía, pero para nada a descansar, el cumpleamos del hermano de mi amigo quién me hospedó la primera noche cayó juesto ese domingo. Compartimos unas cervezas y fuimos a comer unas planchitas para volver a mirar la entrada del carnaval. Una vez en las graderáis el sueño desapareció y continuó la fiesta. Bailabamos, mojabamos y nos deleitabamos nuevamente del carnaval. Nuevamente fuí a visitar a la gradería de "La Pesada" y continuamos la fiesta del día anterior. Esta vez pense encontrarme con varios amigos, así que fuí bailando detras de las fraternidades hasta el Socavón y viceversa. Pero encontré a muy pocos de ellos.

DÍA LUNES: INCREIBLEMENTE CON GANAS DE SEGUIR FESTEJANDO
Al parecer el espiritú del Pepino (especie de combinación entre el arlequin y el cusillo muy típico del carnaval paceño) se apdoeró de mi. Aún cuando regresabamos el día lunes a la ciudad de La Paz, me sentía con ganas para ir al Jisk'a Anata (fiesta de recibimiento a la temporada de lluvias). Mientras mis amigos me recriminaban haciendome preguntas y recriminaciones como: "¿No tienes Casa?", "Hay algo que se llama conciencia Alessi", "Hay algo que se llama higado", "Con razón las mujeres no te aguantan", etc.

Llegando a La Paz, compartí un plato de carne picada con mis amigos, una vez llegamos a casa del dueño del vehículo, y habiendole ayudado en acomodar sus pretenencias, él me recomendaba ir directo a mi casa. Yo no le hice caso y pensando que aún había rastros del Jisk'a Anata acudí a la Av. Camacho, dónde a las 19:00 hrs. no había ya ni rastros de lo sucedido. Tome un coche hasta la ciudad de El Alto con cierta combinación entre resignación y esperanza. Descendiendo del motorizado escuché venir música de la calle Jorge Carrasco, acudí al llamado del Pepino que en mi habitaba y comprobe la existencia de dos trailers sobre los cuales dos grupos de música tropical hacían baialr a la gente. Yo animado jalé a bailar a una señortia que observaba igual que yo y continué la fiesta. Un amigo de los años de pubertad chocó a mis espaldas y entre charla y baile los dos decidimos entrar a un boliche cercano.

Bailabamos cantabamos y nos tomabamos unas cervezas, de repente dos señoritas se acercaron ofreciendonos salir a bailar...

MARTES: CH'ALLA AL RECUERDO, A UNA MELENA QUE QUEDA EN EL PASADO
Eran simpaticas estas dos mujeres así qeu después de bailar les invitamos a acompañarnos a nuestra mesa. Pedimos cuatro cervezas y platicabamaos a gusto aquella madrugada. De repente unos jovenes más temerarios que nosotros se acercaron a la mesa a pedirnos explicaciones referente a nuestras acompañantes, dándoles el rótulo de sus "amigas". Así debido a la provocación de uno de estos llokallitas (muchachitos) hicimos demostración de neuestra energumidad y comaprtimos lazos de cultura en unos cuantos golpes que afectaron tanto los rostros nuestros como los suyos. Los encargados de seguridad no se dejaron esperar (más bien) y los retiraron debido principalmente a nuestra solicitud y a las dos botellas medio vacias que nostros teníamos en nuestro poder, mientras ellos no consumían nada.

Volvimos a nuestros asientos a deleitarnos nuevamente de tan agradable compañía, hicimos un salud y...

No recuerdo más, solo recuerdo que mi humandiad estaba caminanado por en medio de la Av. 6 de marzo en dirección a mi casa sin un mango en el bolsillo y sin celular. Agradecia en ese momento de no llevar más que wisk'us en mis pies y no así zapatos. Después de una camianta de media hora y sin mayor novedad entré a casa con la llave que habían dejado los(as) delinuetes prendido a mi pantalón. Entre a casa a dormir unas cuantas horas siquiera.

Una vez de píe, me invocaban para cumplir con la ch'alla (rito de alimentación y solicitud de propseridad a la Pachamama) y preparar una watia (plato típico cocido bajo la tierra), cuando una vez realizado toda mi labor, mi madre me dio a entender la carencia de cabello en el lateral derecho de mi cabeza. Acudí a mirar al espejo y efectivamente así era. No tuve más que acudir a la peluquería para ver que se podía hacer. La respuesta fue: "nada, rapadita no más va a tener que ser joven". Sufrido asentí con la cabeza y sin lagrimas pero con cierta tristeza observaba como caía mi cabello.

Una vez culminado el trabajo de la peluquera, quién por cierto recibió el consejo mio de cambiar su maquina podadora electrica (debido a los muchos jalones y atascos que tuvo con mis cabellos) una sonsrisa se hizo de mi ovalado perfil. Había disfrutado del carnaval. Había hecho de todo y cuando digo de todo me refiero a todo. Es más hasta fuí pildoreado, baile diawada capotaquitonada (daibladoa, kullawada, caporal, taquirari y tonada, etc, etc.) vaya que me había divertido este carnaval al precio de un enncuentro con resultado obvios: DIVERSIÓN vs. CABELLERA.

DOMINGO: TENTACIÓN Y ENTIERRO DEL PEPINO
Debido a la pesesión que hizo en mi el Pepino, merece un digno entierro y así será pues me he divertido demasiado. Debo agradecer acompañado de una buena cerveza, hacer una buena despedida a: Estos Carnavales quién inventaría. Quizas yo en mi otra vida sería.

La tentación probablemente llegue, pero nunca más voy a confiar en dos señoritas o una que me invite a bailar. Ahora qu si son dos cholitas y me confunden con su ch'uta...

HE DICHO.



Mientras bajaba de la movilidad en aquella parada yuxtapuesta a la plaza San Francisco mi curiosidad pudo más que mi agenda. El informativo de algún programa radial cuando estaba dentro del coche me dio por enterado: "La pasarela de la Pérez ya ha sido inaugurada". Un día antes, el domingo 11 de noviembre de 2007 había terminado la espera tan ansiada (casi desesperada) por aquella pasarela. De seguro el alcalde rompió una botella de champaña o cerveza para acallar la sed de la Pacahamama, eso después de haber regado de flores el espacio, y haber cortado la cinta que restringía el ingreso a la obra.

Nace en mi la duda, si anteriormente, antes del acto de inauguración no fue estrenada ya la pasarela, esto, porque no falto la noche o madrugada en la que mientras recogía mi cuerpo, involuntariamente, yo veía como cruzaba por sus cimientos la población (tal vez por seguridad, tal vez por un sentimiento intrépido, tal vez por el cansancio de esperar tanto tiempo por una pasarela). Existen atrevidos relatos de algunos amigos quienes me contaron cuan alucinante era el compartir responsablemente unas cuantas copas de licor (yo diría vasos de plástico rellenos de la mezcla etílica de seis combos de doce bolivianos). Me relataron una vivencia de la que más o menos recuerdo lo siguiente: "Se veían las cosas desde otra perspectiva, escuchar a los ayudantes de los chóferes anunciar diferentes destinos, mirar como la gente cruzaba de manera presurosa las calles mientras dormían las cebras, oler la oferta de diferentes productos, ver desaparecer el día para sentir el abrazo de la noche, escuchar discutir a algunas vendedoras ambulantes, sentir como correlativamente se encendían las luces de algunas tarimas; escapar de la guardia municipal y sus toletes amenazadores que luchaban por hacer cumplir las ordenanzas municipales".

El relato anterior hizo despertar en mí la inquietud de ver lo que pasaba con la pasarela. Así, pues como de San Francisco a la Pérez no hay mucha distancia emprendí mi aventura entre lustrabotas, vendedoras ambulantes, cebras, policías, guardias municipales, oficinistas y demás personajes paceños. Una vez llegué a la que anteriormente fue la plazuela Pérez Velasco, ahora final Evarsito Valle, vi como algunos Auqui Auqui, acompañados por melodías autóctonas, bailaban al pie de la pasarela, algo me decía que se habían atrasado a la inauguración. Mientras ascendía por ella sentí algo diferente, pues mis pies no necesitaron subir por incontables gradas, sentía cierto confort, mientras, escuchaba como dos comerciantes, marido y mujer, ofrecían bolígrafos, dándole un uso alternativo a la pasarela. Era un poco difícil el recorrer la pasarela, tuve que evadir algunos cuerpos obesos, delgados, y hasta esculturales, pues no existen carriles para llegar a de la Evaristo Valle a la Comercio o viceversa. Los edificios se veían algo diferentes, algo había sucedido con ellos, "!Ah!" exclame dentro mío "los han pintado a algunos". Paralelamente, de yapa o regalo venían descendiendo por la avenida Montes una gran cantidad de marchistas, quienes al parecer no querían cruzar por la pasarela, no se detenían, pues "En la Pérez no se sube ni se baja"; el estribillo de la manifestación hacía vivas por los Comerciantes Minoristas y Gremiales, mientras solicitaban la muerte del Alcalde y sus funcionarios; nuevamente, de seguro algo estaba pasando con la negociación emprendida entre los Comerciantes y el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad. Una vez llegando al otro extremo de la pasarela y al arribar la calle Comercio pareció terminar mi aventura en la pasarela, pero no fue así. Vi a unos jóvenes vestidos con una polera amarilla con un estampadao, el cual solicitaba explícitamente se use la pasarela, los jóvenes trabajaban, probablemente se organizaban, mientras reían y tomaban unos helados. Terminó el recorrido de una pasarela moderna, con bastantes luminarias y espacio, pensé: "bonita está la pasarela, espero reciba buen uso"; mientras a mi lado un dúo de amigos ya entrados en edad conversaba, uno de ellos precisamente se refería a la pasarela "medio millón de dolares y tanto tiempo para esta huevada".

NOTAS:



  • La pasarela de la Pérez Velasco, no se llama así, se llama pasarela "Comercio-Evaristo Valle" y si su nombre original no es usado, será una vez más que pudo nuestra costumbre contra las modificaciones.


  • Costó 588.494 dólares (4.734.938 bolivianos) gracias a un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El diseño pertenece al el arquitecto José Márquez y une la plaza fundacional de La Paz (Alonso de Mendoza) con el centro político del país (plaza Murillo). Contempla aspectos urbanísticos, facilidad de los accesos, iluminación y visibilidad que brinda seguridad ciudadana.


  • La Pasarela Comercio – Evaristo Valle tiene una longitud de 63 metros lineales. Cuenta con cuatro rampas de acceso y una próxima que conectará con el mercado Lanza. La altura máxima es de 6,5 metros y la mínima de 5,5 metros. El ancho de la rampa es de 4,20 metros. El tipo de estructura es postensado con cimentación de pilotes.


  • La construcción de la Pasarela permitió la habilitación de dos espacios: la plazoleta elevada Pichincha con un área de 3.230 metros cuadrados y la plazoleta Evaristo Valle con un área de 3.230 metros cuadrados.


  • Otro elemento importante es la Galería Comercial que está ubicada debajo de la plazoleta Pichincha. En este espacio se ubicaron 48 anaqueles en una superficie de 544 metros cuadrados.


  • Se habilitó una jardinera central que tiene 1.100 metros cuadrados de áreas verdes y una altura de dos metros. 26 mil plantines dan vida a este sector, además de 530 metros lineales de rejillas.


  • Entre otras obras tenemos el revestimiento de pisos y el mobiliario urbano (cuatro banquetas, 20 papeleros y dos totems luminosos de información).


  • Las barandas de la Pasarela forman con sus colores un tejido andino que representa la unión de dos partes de la ciudad, que antiguamente eran la ciudad de los españoles y la ciudad de los originarios, separadas por el río Choqueyapu.


  • 169 puntos de luz iluminan la pasarela: 42 luminarias instaladas en postes y 127 en puntos inferiores, unos en las estructuras de hormigón armado y otros en la jardinera central.

Fotografía: Página web de la HAMLP www.lapaz.bo, en la subdirección http://www.lapaz.bo/home/data/portada2/11_PASARELA1.jpg