Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas



I


EN EL espacio que separa
el fruto de la flor, el pensamiento
del acto en que germina su aislamiento
una muerte de agujas me acapara.

Febril, abeja de la carne, avara,
algo estrangula en mí a cada momento.
Usa mi voz, se nutre de mi aliento,
impone muecas turbias en mi cara.

¿Qué amor, no obstante, en su rigor acierta
a destruir este hálito enemigo
que a compás con mi pulso me desierta?

¡Templado hielo, sí, glacial abrigo!
¡Cuánto —para que dure en él— liberta
en mí, que ya no morirá conmigo!


II


TE CONTIENES, oh Forma, en  el suntuoso
muro que opones de encarnada espuma
al oscuro apetito de la bruma
y al tacto que te erige luminoso.

Dueña así de un dinámico reposo,
marchas igual a tu perfecta suma
ay, como un solo, sin que el andar consuma
ni el eco mismo de tu pie moroso.

¡Isla del cielo, viva, en las mortales
congojas de tus bellos litorales!
Igual a ti, si fiel a tu diseño,

colmas el cauce de tu ausencia fría:
igual, si emanas de otra tú, la mía,
que nace a sus insomnios en mi sueño.


III


TU DESTRUCCIÓN se gesta en la codicia
de esta  sed, toda tacto, asoladora,
que deshecha, no viva, te atesora
en el nimio caudal de la noticia.

Te miro ya morir en la caricia
de tus ecos, en esa ardiente flora
que, nacida en tu ausencia, la devora
para mentir la luz de tu delicia.

Pues no eres tú, fluente, a ti anudada.
Es belleza, no más, desgobernada
que en ti porque la asumes se consuma.

Es tu muerte, no más, que se adelanta,
que al habitar tu huella te suplanta
con audaces resúmenes de espuma.


IV


¡AGUA, no huyas de la sed, detente!
Detente, oh claro insomnio,en la llanura
de este sueño sin párpados que apura
el idioma febril de la corriente.

No el tierno simulacro que te miente,
entre rumores, viva; no, madura,
ama la sed esa tensión de hondura
con que saltó tu flecha de la fuente.

Detén, agua, tu prisa, porque en tanto
te ciegue el ojo y te estrangule el canto,
dictar debieras a la muerte zonas;

que por tu propia muerte concebida,
sólo me das  la piel endurecida
¡oh movimiento, sierpe! que abandonas.

y 12



Porque el sueño es belleza, Iulia antigua,
brasa que mantiene la vida sobre el cuerpo
y guarda la esperanza, la protege,
quebradiza criatura que aspira a lo imposible.
Hay un lugar oculto que no se ha visto nunca,
talismán escondido, perla que montó
un gigante en su frente
y pone a prueba su conquista.
Es el amor soñado, su norma o arquetipo.
paloma que no posa sobre el pretil su vuelo
y deja sobre el lienzo su blancura,
su inasible plumaje.
No existe la palabra, el verbo enamorado, Iulia egregia.
Unimos la ilusión como un proyecto
y creímos que el fuego renacía.
Amor es sólo sombra, eco imaginario.
Entre nosotros vive un espectro grato,
un ardo ascendente que nubla la cabeza.
Por él damos la cara, descendemos al pueblo;
por él la sangre corre virginal y potente,
al fondo un ave extraña, el fantasma previsto,
la nube de rocío a punto de saciarse.
El amor que vivimos, que alzamos como emblema,
guarda dentro un astro que nos conduce lejos;
conserva entre cenizas el rescoldo,
aviva el sueño de los labios y va en busca de otra cosa,
de aquello que fue vivo entre nosotros
y luego no fue cierto, Iulia amiga.
El público queda
expectante, impera
Me haces un favor
Pregúntate: ¿Serás capaz de hacerlo?

Siluetas, las, se mecen
no dejan mires más allá
Los dedos recorren nombrando
El cuerpo, espacio, no el mío.

Qué hay más allá de aquellas manos
Cuántos metros por avanzar
Agitando sin sostenerme de algo. De nada
Debajo de un catre dormido.

Oprime saberme dentro
Salgo, entonces, me repito
Pronuncio mi nombre y llamo
a quienes comparten la palabra
no el concepto, no La Definición.

Haciendo expectativa
Reclamo segundos de atención
pasa todo aquello, no me hicieron parte
Llevo el nombre no visto por desconocidos
Levanto la mano de aquella. Se sabe Victoria.  

Huelga decir que otra vez: Otra vez
no aguanto esto que sale de mi boca. Otra vez
mancha la palma, el anverso y el dorso
Corre por el suelo y humedece lo hasta hoy acumulado
Cierro lo que, rascado el lobanillo, reconozco como mío.

Pudiste haber sobrevivido
A la noche eterna
Del vientre del gran pez
Pudiste haber sido dueño
De tu voluntad
Y de tu castillo flotante
De huesos,
Pero Jonás
Huiste al primer bostezo
Para llenar tus pies de ampollas
Y escupir la verdad
En tierra de demonios.
Hoy
Veo los mares sucios de modernidad
No creo que haya servido para algo
Tu sacrificio,
Pero te envidio
Al menos tú
Conociste una ballena.



Soy feliz
(lo justo nomás)
Hoy he caminado
Y he leído
Tengo tierra entre los dientes
Y la locura quemada por el sol
He caído en lo obvio
Y en lo cierto
Aquí
Todo mi cuerpo es un absurdo
El pelo que se cae
Las uñas que no paran de crecer
El hambre que se repite
La piel que cuelga...

Un nido de avispas es mi cráneo
Y con mi lengua lavo mis heridas.

En el fondo de esta comedia (absurda)
¿Lo ves? Soy un pobre perro espectral.



No sé hacer cosa otra que sucederme a diario
En afán de ver qué esconden los retales
Dejo lo vencido, papel de mingitorio
Me despacharás hecho espirales
De lo visto quedarán los vidrios
El suelo está presto, déjalos caer
Como manecillas amenazantes
Hora de comer, dormir, huir.
Lejos de boca viscosa, pendiente del vaso.
El sobrevivir de las hormigas, el tuyo,
Y el andar de esos que levantan glúteos,
Paran donde quieren, al compás de minibúses;
Yo me detengo, por si las anáforas.

Timbres y silbatos que no son míos
Todo se hace tan confuso lejos de casa
Cargo pertenencias, cada vez son menos,
y el reloj del centro de la ciudad que se ha orinado
y un pantalón que huele mal, pero me sostiene.
Acomodo flácidos de piel que desbordan las cinturas
LIBRE como el camión que espera dejos de carretera
Ocupable pañuelo sucedáneo de lágrima que no es tuya
Intermedio como este cuarto de burgués con queso
Sesos perdigados en la primera plana de crónica roja
Vomitiva, abundante y c(l)ara, cual silencio
Menstruando por mi nariz hecha eclipse, luna vieja:
Incompasible y redundante como los quiasmos.

ecce homo

maravilloso día
de las revelaciones
ni un amor, ni un temor, ni nada…!

amarga masa ha madurado
en los confines de mi territorio
(mi territorio es mi propio cuerpo)

mi ser es un vaso rajado
por todas las tormentas
y mi vino es sangre negra de todos
mis nocturnos

…………………………………..

yo tengo mi nostalgia
como tesoro ausente
pero soy yo con todos los que han muerto.

¿qué querías de mí, pasto indecible?
¿más tormento que el mío te pide tu tormento?

ya no quiero decirte que mis pupilas
son lodo de almanaque y burla
de nefastos augurios…!

el dolor es mi amigo
porque es cierto!

todos los horizontes están ausentes
y aparecen ante mis ojos de cristal ingenuo..

yo no quiero saber de tí ni de los otros
solo, solo, solo, y sin luz y sin sonido…
solo como un abismo!

nunca cumbre

basura estropeada,

nunca flor…!

con la frente
en todos los canales
con corazón herido
pero siempre con dios…!

El Altobillado


Signado por la Belleza
            muere
                 de arrebato
Pendiendo estéril
En lo alto / muy alto
Hasta cesar
Lo pendular
     de su agonía

Es cuando en su muerte
El viento lo devuelve
            al movimiento
La noche al sereno
Y no hace más que no hacer
                        perdido
En la espesura octubre
de los estúpidos días



Pisada trás pisada.
Débil eco
audible apenas.
Su sonido en plenitud
es atributo
de la otra orilla…

Aun la mirada
rescata corales
de los mares,
mas, la pisada
ya retumba en las rocas
de la distante orilla.

La humanidad
indiferente,
ciega,
sorda,
solo escucha el eco
de su pisada,
que es suyo, apenas
en fugaces relámpagos;
no su sonido
rotundo,
inevitable
que, en cúspide o en sima,
le aguarda en la otra orilla
definitivamente…

es como saltar,
como cerrar los ojos sintiendo el vacío y saltar, como dejarse caer a la nada,
al nunca más,
sólo saltar, porque para eso venimos, porque para eso estamos aquí, para no
hacerle caso a los letreros que dicen que fumar es malo, que fornicar es malo,
que respirar es malo,
malo es el que hace caso a esos letreros,
yo soy un canalla, que antes era un hombre malo que hacía caso a esos
letreros,
pongámoslo así:
a mí la lluvia me resbala,
la soledad me resbala,
los murciélagos rabiosos y
sedientos me resbalan,
y yo resbalo sobre ellos,
yo soy un canalla, un espejismo con dientes dorados tratando de esconderse
tras el humo de la marihuana,
ando como perdido y a veces, cuando tengo un mal día me encuentro
y encuentro que a mi rostro le sobra ingenuidad, a mi rostro le sobra
ingenuidad, a mi rostro le sobra,
pero los murciélagos rabiosos y sedientos me resbalan y yo resbalo sobre
ellos, soy un canalla que llora porque una flor muere y la flor me grita marica,
y yo le digo, fresca loca ¿no vez que ando secándome la cal de tus pétalos?,
soy un canalla y eso me basta para destapar toda la cerveza del mundo y
llorar porque una flor muere, me avanza también para caer junto a los huesos
de mis camaradas vencidos por la locura y la melancolía,
y yo le digo, fresca loca, y la flor me escupe el horizonte, y el horizonte es un
hilo dental que se pierde entre tus nalgas de papel,
pero volvamos a mí, ya he gritado demasiado tu nombre para seguirte
regalando basura
la basura me la quedo yo y la hago pasar por poesía, así puedo contar sin
sonrojarme que me gusta el alcohol apenas amanece en el mundo, que
me gusta White Rabbit, ese desbarrancadero que trae el puñetazo vivo de
Jefferson Airplane, que me gusta el alcohol, White Rabbit y Jefferson Airplane
otra vez, porque la verdad es que me gustan mucho, y a esta altura de mi
vida, debo arrimarme a esos gustos para poder decir algo de mí,
yo soy un canalla que llora porque una flor muere, y la flor me vomita
tempestades, ya no un horizonte, eso era antes de acordarme
de tus nalgas de papel,
sigamos:
engañémonos como si tuviéramos un lugar a donde ir, como si alguien
aguardara por nosotros en una cloaca de esta ciudad, como si nuestros
nombres aun fueran escritos detrás de los cuadernos de matemáticas, en los
árboles, o en las palmas de las manos de mujeres que jamás besaremos, de
hombres que jamás besaremos,
sigamos:
yo soy un canalla que llora por las flores pero se acuerda de tus nalgas de
papel, de tu rostro rojo bajo la noche blanca dentro de la botella transparente
que contiene al mundo,
en este mes no hay ángeles, todos están desempleados y peleando por las
ramas de los árboles más altos,  para ahorcarse en ellas y tomar vuelo, coger
pista en el cielo y desde allí mirar a los pobres mortales,
nos escupen los ángeles, nos escupen las flores, nos escupen los sueños
donde cada vez somos más viejos y tenemos hijos, y tenemos mujer,
y tenemos marido, y tenemos una fila interminable de amantes que se
reducen al orgasmo fugaz, después sus manos son ásperas, sus rostros son
descoloridos, sus palabras son agrias, más agrias que uno que siempre se
anda quedando como en la mierda,
por eso yo soy un canalla, Whit Rabbit de Jefferson Airplane lo dice, mi
rostro tiene mucho de ingenuidad barata, pero se le quita fácil, un par de
cicatrices y la lluvia no cesa, un par de besos y el veneno no cesa, un par de
puños y la sangre no cesa, pero tiene remedio,
los ángeles no lo tienen, les queda una sola vía, un solo camino, yo no quiero
ser un ángel, me siento bien siendo un canalla, una piedra en el camino, una
palabra rota, una falta de ortografía,
hablemos de mí y no de tus nalgas de papel que no dejan de golpearme la
entrepierna también de papel, si todo sigue así pronto tendremos hijos de
papel, pero eso tiene solución, les echamos fósforos y ya, al final,
solo es como saltar
como cerrar los ojos y saltar,
como olvidarme para siempre de tus nalgas de papel, de tu número
telefónico, del lugar donde queda tu casa, parece fácil pero no, es más fácil
llenarse de dinamita el corazón y correr a abrazar al espejo para que de
uno no queden ni los recuerdos
parece fácil pero no,
volvamos al inicio,
los murciélagos rabiosos y sedientos me resbalan, y yo resbalo con ellos,
soy un canalla y ellos son murciélagos, ¿y qué? También andan solos con
la jeta partida por la distancia, con las garras podridas por la vejez, con las
alas inservibles y torpes, pero tenemos rabia y sed, y un canalla y unos
murciélagos en este estado no son buena compañía, eso lo sabes tú, que
entre tus nalgas de papel te llevaste mi horizonte, y me dejaste esta, la
basura, la basura que hago pasar por poesía,
poesía que escucha el músculo de este público, de estas mujeres y hombres
que mañana te dirán, el poeta cantó a tus nalgas, dijo que era como una
embarcación que sufría por el oleaje de tu piel, dijo que te llevaste su
horizonte en tus nalgas de papel,
y tú preguntarás si estaba ebrio, si estaba solo, si estaba triste, como para
burlarte, porque bien sabes que de esas enfermedades yo ya no me curo, yo
solo me agravo, yo solo me agravo, yo solo me agravo,
Whit Rabbit me agrava, las flores muertas me agravan, los murciélagos
rabiosos y sedientos me agravan, hasta tus nalgas de papel que tanto me
gustan me agravan, yo de esa enfermedad ya no me curo,
por eso mejor digo que me gusta estar ebrio a la hora en que amanece en
el mundo, solo así hallo consuelo en medio del témpano de silencio que me
brota dentro de la garganta como una raíz,
me gusta eso y los discos de Jefferson Airplane y los barcos de papel para
navegar en tus nalgas de papel, siempre recuerdo ese espacio cóncavo donde
descansaba mi cabeza durante siglos esperando la guillotina que trae el amor,
pero el amor es lento, como las tortugas o los besos, solo los murciélagos
son veloces, los murciélagos y yo que soy un canalla y no me detengo ni
cuando se me agota la gasolina, o las balas, o los insultos, o las ganas de
escribirte cartas para que con ellas te armes un bareto,
ya no volvamos al inicio, parece fácil pero no,
los poetas son estanterías donde muere el sol, ceniceros repletos de
lágrimas, zapatos rotos que sirven de guaridas para las ratas, mejor ser un
canalla, tener siempre la posibilidad de abrir la boca y tragarse las propias
balas, de abrir la boca y tragarse a todos
la voluntad de huir no existe para un canalla, las salidas de emergencia son
cosas de cobardes, un canalla siempre se queda en el mismo sitio, parece
que se va pero no es cierto, un canalla se planta, mira a los ojos de la muerte
y le dice hermana, ¿qué hay de nuevas?
y la muerte le coquetea con las pestañas,
los poetas no, los poetas lloran por un culo de papel, los poetas lloran por las
flores secas, los poetas lloran porque el sol se muere detrás de los cactus,
los canallas en cambio, matamos pájaros esperando matar con ellos los
mensajes de los náufragos, bebemos y con las botellas hacemos un barco
que siempre se está hundiendo en el silencio,
a veces nos prendemos fuego, pero solo cuando estamos contentos, somos
por un momento, la luz en medio del miedo,
lo demás sobra, lo demás estorba como los letreros, y con las cosas  que
estorban uno puede construir un universo,
acto uno: deliro de la música:
yo soy un canalla que busca en el culo de las botellas la razón profunda
para entender al mundo,
acto dos: la luz regresa y yo me voy,
esta parte del texto deja de ser poesía y pasa a ser lata, pasta, coca, hoja en
blanco, brújula, cartón,
esta parte del texto servirá algún día para hacer llorar a las putas,
esta parte del texto tiene demasiadas lágrimas,
yo soy un canalla, los canallas no escribimos poesía, somos animalitos
cabizbajos a los que la vida casca en las orejas,
yo soy un canalla, con una lupa sobre la piel del mundo busco mis huellas,
y no las hallo, me pierdo en la soledad de ese desencuentro, en la soledad
de ese desencuentro digo porque es muy honda la soledad, porque es muy
tosca la soledad, porque es muy dolorosa la soledad,
que se le da por estar gruñendo y no,
como los truenos.


El caminante

A buen paso va
durante la noche un caminante.
Junto con él marchan
altos montes y sinuosos valles.
Hermosa es la noche.
Sin pararse avanza;
su camino lleva no sabe adónde.

Entonces canta en la noche un pájaro:
«¡Ay pájaro, pájaro! ¿Qué has hecho?
¿Por qué entorpeces mi mente y paso
y derramas dulce desconsuelo
en mi oído, que a fuerza debo
parar y escucharlo?
¿Por qué me atraes con saludos y cantos?».

Calla el buen pájaro y dice luego:
«No, caminante, a ti no te atraigo
con estos acentos;
atraigo a una hembra desde lo alto.
¿A ti qué te importa?
Solo aquí no me es la noche hermosa.
¿A ti qué te importa? Pues tú debes
caminar sin jamás detenerte.
¿Por qué sigues quieto?
Dime, ¿qué te hicieron
mis trinos, viajero?».

Calló el buen pájaro discurriendo:
«¿mis trinos qué pudieron hacerle¿
¿por qué sigue quieto?
¡Este pobre, este pobre viajero!»


Desesperado

Los colegas son en mi opinión
horripilantes cuando expectoran.
Correr, ya corro, ya, ¿pero adónde?
¿Me arrojaré dentro de las olas?

Todas las bocas siempre estiradas,
carraspean las gargantas todas,
suelo y pared salpicados siempre,
¡malditas las almas salivosas!

¡Mejor vivo pobre y depravado,
pájaro de cuenta en azoteas;
mejor entre perjuros y adúlteros,
entre ladrones y su ralea!

¡Maldita la cultura si escupe!
'maldita la asamblea virtuosa!
Incluso la santidad más pura
tampoco acarrea oro en su boca.


La pizarra cubre sus techos, o bien la teja en que
vegetan los musgos.
Su aliento se vierte por el tiro de las chimeneas.
¡Grasas!
¡Olor de los hombres urgidos, como de un soso ma-
tadero!, ¡agrios cuerpos de las mujeres bajo las faldas!
¡Oh ciudad contra el cielo!
Grasas, aspirados alientos, y el vaho de un pueblo
contaminado — pues toda ciudad se ciñe de inmundi-
cia.
Sobre la lumbrera del tenderete — sobre los cubos
de basura del hospicio — sobre el olor de vino azul
del barrio de los marineros — sobre la fuente que so-
lloza en los patios de la policía — sobre las estatuas
de piedra mohosa y sobre los perros vagabundos —
sobre el chiquillo que silba, y el mendigo cuyas meji-
llas tiemblan en la cavidad de las mandíbulas,
sobre la gata enferma que tiene tres pliegues en la
frente,
la noche desciende, entre el vaho de los hombres. .
.
—La Ciudad por el río mana hacia el mar como un
absceso. .
¡Crusoe! Esta noche, cerca de tu Isla, el cielo que se
aproxima loará al mar, y el silencio multiplicará la
exclamación de los astros solitarios.
Corre las cortinas; no enciendas:
Es la noche sobre tu Isla y en su contorno, aquí y
allá, dondequiera se curva el impecable vaso del mar;
es la noche color de párpados, sobre los caminos en-
tretejidos del cielo y del mar.
Todo es salado, todo es viscoso y pesado como la
vida de los plasmas.
El pájaro se arrulla en su pluma, bajo un sueño acei-
toso; el fruto vano, sordo de insectos, cae en el agua
de las caletas, cavando su ruido.
La isla se adormece entre el circo de vastas aguas,
lavada por cálidas corrientes y grasas lechadas, en la
frecuentación de légamos suntuosos.
Bajo los manglares que lo fecundan, lentos peces
entre el cieno han descargado burbujas de su cabeza
chata; y otros que son lentos, manchados como repti-
les, velan. — Los légamos son fecundados. — Oye
chasquear a las huecas bestias en sus conchas. —
Sobre un trozo del cielo verde hay un humo apresura-
do que es el enmarañado vuelo de los mosquitos.—
Los grillos bajo las hojas se llaman dulcemente.— Y
otras bestias que son dulces, atentas a la noche, cantan
un canto más puro que el anuncio de las lluvias: es la
deglutición de dos perlas hinchando su gollete amari-
llo . . .
¡Vagido de las aguas girantes y luminosas!
¡Corolas, bocas de moaré: el duelo que apunta y se
ensancha! Son grandes flores móviles en viaje, flores
vivientes para siempre, y que no cesarán de crecer por
el mundo. . .
¡Oh el color de las brisas circulando sobre las aguas
calmas,
las palmas de las palmeras que se menean!
Y ni un lejano ladrido de perro que signifique la
choza; que signifique la choza y el humo de la tarde y
las tres piedras negras bajo el olor de pimiento.
Pero los murciélagos cortan la noche blanda con
pequeños gritos.
¡Alegría!, ¡oh alegría desatada en las alturas del
cielo!
...¡Crusoe!, ¡estás ahí! Y tu rostro se ofrece a los
signos de la noche, como una invertida palma de la


ACE lavando,
tú descansando
y yo penando.

Era la era
de primavera
y el amor era
ACE lavando.

Tú me decías
todos los días
que me querías.
Tú descansando.

Recitabas Baudelaire
y leías moliere
a más no poder.
Y yo penando.

Más ganó el locutor
Y esto sin duda por-
que no hablaba de amor.
ACE lavando.

Me decías: no ven
el espíritu joven
del gran Beethoven.
Tú descansando.
Anunciando jabón
con torpe son
te robó el corazón
Y yo penando.

Me decías: France es
el mejor francés
desde los Pensés.
ACE lavando.

Te ganó la afición
la espumosa dicción
que anunciaba jabón.
Tú descansando.

Decías: en alemán
¿qué va a hacer Mann
Ante Wassermann?
Y yo penando.

Preferiste
el burdo chiste:
con él te fuiste.
ACE lavando.

Dijiste: renuncio
ante el anuncio
a G. D'Anunzio.
Tú descansando.

Siempre decías: yo
prefiero ante todo
a Edgar A. Poe.
Y yo penando.

Pero en poesía
Confundiste a Ligeia
Con la lejía.

ACE lavando,
tú descansando,
a Dios rogando
y con el mazo dando,

¡Y yo, penando!

DE «POEMA PARA UN CUMPLEAÑOS»

1. QUIÉN


Floreal término. Cayó la fruta,
pudrióse o fue comida. Sólo boca
soy. En octubre, mes de almacenaje.

El cobertizo huele a tripa rancia
de momia: herramientas, colmillos, moho.
En casa estoy, entre cabezas muertas.

Dejádme que me siente en este tiesto,
ninguna araña lo verá, paróse
mi corazón como un geranio.

Ojalá el viento deje mis pulmones.
Los pétalos nasales. Boca abajo
las flores, sonoras como hortensias

Cabezas putrescentes me consuelan,
ayer clavadas a las vigas: de estos
pupilos no será el invierno.

Repollos: plata mate, agusanada
púrpura, piel comida, oreja aguda,
corazón verde. Venas de tocino.

¡Oh, belleza del hábito! No tiene
ojos la calabaza. Estas estancias
hierven de chicas que se creen pájaros.

Madre, tú eres el mes único
de quien yo fuera lengua. Madre de aire,
cómeme. Sombra de dinteles vanos.

Dije: me acordaré, pues soy pequeña.
Había flores tan enormes,
bocas rojas y púrpura, bellísimas.

Los tallos de las moras me hacen daño.
Ahora me encienden como una bombilla.
Desde hace días no recuerdo nada.

CANTOS DEL ARPISTA

I

A solas habrá de quedarse
quien se entregue a la soledad;
quienes amen amor y vida
sus pesares le dejaran.

¡Si! Dejadme mis penas,
y alguna vez así podré
a solas estar,
y no tendré soledad.

Se desliza el amante furtivo
por si la amada sola está;
así, noche y día, me siguen
a mí, solitario, la pena,
a mí, solitario, el pesar.
Y solamente cuando esté
solo en la tumba a reposar,
entonces, solamente, solo me dejarán.

II

Erraré de puerta en puerta;
humilde me detendré;
me ayudarán manos pías,
y adelante seguiré.

Ha de tornarse dichoso
quién me mire aparecer.
Llorará quizás, y nunca
por qué llorara, sabré.

III

Quien nunca en llanto el pan mojó,
quien nunca en noches de desvelo
llorando en su lecho pasó,
ese os ignora, potencias del cielo.

En la vida rumbo no dáis;
por vosotras el hombre yerra;
y a su dolor lo abandonáis,
que toda culpa se expía en la tierra.

Ante él la lumbre de la aurora
el horizonte puro inflama;
y sobre cabeza pecadora
su claridad la creación derrama.

26



Tengo un agujero en el alma
y un agujero en el calcetín.

Mi anatomía siente frío
en el pulgar del pie izquierdo
que está sobre los suelos
de un malogrado calcetín.

Miro el pulgar con otros ojos
y el pulgar me mira con otros ojos.
El pulgar que si no es ojo,
es agujero de calcetín.

Edito:

Miro el mundo con otros ojos
y el mundo me mira con otros ojos.
El mundo que si no es ojo,
es agujero de calcetín.

Retomando:

No es el agujero en el alma.
Es esta humildad forzada lo que me incomoda.
Este mirar el mundo con otros ojos
que no son los míos, sino los del calcetín.

Olvídense de otros problemas.

Hoy, el problema es sólo uno.
El mundo, agujero en el universo,
agujero en el alma
y en el calcetín.

No estamos a la altura de las circunstancias.
Estamos fuera de las circunstancias.
Estamos al ras del suelo.
A la altura de El Hombre.
A la altura del calcetín.

Iremos nuevamente a la casa que nunca irá a por nosotros.
Tiraremos de nuestros cabellos, tiraremos del calcetín.
Y el universo tirará del mundo, tirará nuestro calcetín.

Tenemos un agujero en el alma
y un remiendo en el calcetín.



Con el perdón de Gabo Guzmán,
a quién pertenece la letra
y música del tema "Vacunas",
del álbum "Destrenzas".



Una vacuna, no más,
que se anticipe a todo,
que lo ataje todo mal,
y por si acaso a tus ojos.

No hables de mudanzas.
Ay mi negra no te va.
Quiero esas "curaciones",
faltas dentro, y esperar

que sin querer me derrames...
sobre el suelo.

Una pomada lumbar
que dosifiquen tus manos,
tibias, para friccionar
lo que han fregado estos años.

No hables de redenciones.
Ay mi negra, no te va.
Quiero esas inyecciones,
almacatre y esperar

que sin querer me derrames...
sobre el suelo.


A la una de la mañana

¡Solo por fin! Ya no se oye más que el rodar de algunos coches rezagados y derrengados. Por unas horas hemos de poseer el silencio, si no el reposo. ¡Por fin desapareció la tiranía del rostro humano, y ya sólo por mí sufriré!

¡Por fin! Ya se me consiente descansar en un baño de tinieblas. Lo primero, doble vuelta al cerrojo. Me parece que esta vuelta de llave ha de aumentar mi soledad y fortalecer las barricadas que me separan actualmente del mundo.

¡Vida horrible! ¡Ciudad horrible! Recapitulemos el día: ver a varios hombres de letras, uno de los cuales me preguntó si se puede ir a Rusia por vía de tierra -sin duda tomaba por isla a Rusia-; disputar generosamente con el director de una revista, que, a cada objeción, contestaba: «Este es el partido de los hombres honrados»; lo cual implica que los demás periódicos están redactados por bribones; saludar a unas veinte personas, quince de ellas desconocidas; repartir apretones de manos, en igual proporción, sin haber tomado la precaución de comprar unos guantes; subir, para matar el tiempo, durante un chaparrón, a casa de cierta corsetera, que me rogó que le dibujara un traje de Venustre; hacer la rosca al director de un teatro, para que, al despedirme, me diga: «Quizá lo acierte dirigiéndose a Z...; es, de todos mis autores, el más pesado, el más tonto y el más célebre; con él podría usted conseguir algo. Háblele, y allá veremos»; alabarme -¿por qué?- de varias acciones feas que jamás cometí y negar cobardemente algunas otras fechorías que llevó a cabo con gozo, delito de fanfarronería, crimen de respetos humanos; negar a un amigo cierto favor fácil y dar una recomendación por escrito a un tunante cabal. ¡Uf! ¿Se acabó?

Descontento de todos, descontento de mí, quisiera rescatarme y cobrar un poco de orgullo en el silencio y en la soledad de la noche. Almas de los que amé, almas de los que canté, fortalecedme, sostenedme, alejad de mí la mentira y los vahos corruptores del mundo; y vos, Señor, Dios mío, concededme la gracia de producir algunos versos buenos, que a mí mismo me prueben que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio.


Estoy tuerto.
Es decir, estoy muerto.
Es decir, usted me mata a diario.
Es decir, solo a veces, solo hoy.

¿Para que quiero puños de oro?
Es decir, no vaya a mostrarme los suyos.
Es decir, en su tiempo tuve un diente de oro,

tuve que venderlo, lo vendí.

Menos mal dejé el deporte.
Es decir, antes que el deporte me deje a mí.
Es decir, a veces hago ejercicios con palabras.
Es decir, un día de estos pasaré de las palabras a los hechos.

Ni soy, ni seré tricampeón mundial.
Es más, ni siquiera soy trilingüe.
Tampoco nací para alcalde.
No es que sea apolítico, sino, más bien, apartidario.

En fecha uno de julio usted ejecutó MI idea en un asalto.
Sí, pensaba suicidarme, menos más o menos a su edad.
Ahora debo encontrar quien quiera matarme
Gracias por complicar todavía más mi vida.

Cada año la misma histeria.
El cuento de los días contados
La historia de los que nacen muertos.
La historia de los que muertos viven.

Hoy, sí hoy, es uno de julio.
Es decir, ya no es uno de julio
Es decir volverá a ser uno de julio.
Es cosa de meses, de días.
Menos de trescientos sesenta y cinco.
Menos. No más.