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Encuentro que durante el 2014 dejé que se llevaran libros que formaron parte de las listas que hice en años pasados. No sé si llamar a esto Madurar, siendo que cada cosa, creo, debiera ser llamada por su nombre. Tengo una impresión: de poco hubiese servido un diccionario (de sinónimos) siendo que todavía no he terminado de leer el que tengo esperando al lado de mi almohada. Miro a mis espaldas y el librero sigue allí, aguardando al día en que será reemplazado, llevado al basurero municipal, o trasladado a un depósito de chatarra hasta que llegue alguien más para desmembrarlo porque, creo, cada cosa debiera ser llamada por su nombre.
            Mejor, pero, que pensar en lo que vendrá y se irá, es hacer digestión, caminando o no y estableciendo un nuevo orden (si tal cosa puede hacerse). Hay libros que, si bien no forman parte de esta lista, me han dejado algo más que un título memorizado: Las diez y media de una noche de verano de Marguerite Duras, Relatos de Samuel Beckett, Celestino antes del alba de Reinaldo Arenas, Instrucciones para vivir en México de Jorge Ibargüengoitia, Ficción súbita de Robert Shapard y James Thomas, Trabajos del reino de Yuri Herrera, Historias del atardecer de Dino Buzzati, Cutimuncu de Luis Toro Ramallo, En la corte de mi padre de Isaac Bashevis Singer, El profundo sur de Andrés Rivera, Cuarteles de invierno de Osvaldo Soriano, La región prohibida de Fabiola Morales y La justicia del Inca de Tristán Marof. Hay también escritores a los que sigo leyendo, Buzzati y Bashevis Singer son la prueba de lo anterior dicho. Finalmente están Rubem Fonseca y Andrés Rivera que vuelven a formar parte de esta lista y espero suceda lo mismo el siguiente año:

13. La ciudad prometida:
Pobladores y organizaciones sociales en El Alto
Godofredo Sandoval Z. y M. Fernanda Sostres
Systema

12. La máscara de piedra:
Simbolismo y personalidad aymaras en la historia
Fernando Montes Ruiz
Quipus

11. El hombre que ya no tenía nada que hacer
Peter Bichsel
Traducción de José A. Santiago Tagle
SM

10. Elefante
Federico Falco
El Cuervo

09. El pájaro pintado
Jerzy Kosinski
Traducción de Eduardo Goligorski
Círculo de Lectores

08. ¿Qué le parece América, paisano?
William Saroyan
Traducción de Juan Rodriguez Chicano
Siglo Veinte

07. Razón de Ser
Alejo Carpentier
Letras Cubanas

06. El mundo el texto y el crítico
Edward W. Said
Traducción de Ricardo García Pérez
DEBOLSILLO

05. El bosque de la noche
Djuna Barnes
Traducción de Ana M.ª de la Fuente
Seix Barral

04. Para una tumba sin nombre
Juan Carlos Onetti
Seix Barral

03. La forma del mal
Julio Durán
Edición del autor

02. El gran arte
Rubem Fonseca
Traducción de Miriam Lopes Moura
Oveja Negra

01. Cuentos escogidos
Andrés Rivera
Alfaguara


El juez le preguntó al hombre que tenía sentado frente a él, de qué se ocupaba. El hombre estuvo a punto de contestar de nada, porque detestaba l mentira y las verdades a medias, pero temió que sus palabras fuesen interpretadas como una insolencia. Y el hombre sentado frente al juez detestaba la insolencia y la impuntualidad. Respondió que vivía de su campo. Y se dijo que no mintió. Se dijo que el campo estaba ahí, que las vacas estaban ahí, el molino y la pileta en la que se conservaban cerca de tres mil litro de agua estaban ahí, la casa de material que levantó su bisabuelo y que su abuelo refaccionó estaba ahí. Y eso era todo. El cielo y el aire, los silencios, las tardes de verano, las lluvias y los días que pasaron y vendrían, y los retratos borrosos de su bisabuelo, del abuelo de sus padres y de sus hermanos, de bailes y mujeres que fueron, estaban ahí. Sí: también las armas de los suyos que se batieron en la guerra de la independencia y en las guerras civiles estaban ahí. Y él nunca cuidó nada de eso. No quiso, no le interesó cuidar nada de eso. ¿Para qué?

¿POR QUÉ Cuentos escogidos ENCABEZA ESTA LISTA?

Borges, refiriéndose a Fervor en Buenos Aires, dijo en su Autobiografía: “mirándolo ahora en perspectiva, creo que nunca me aparté mucho de ese libro. Siento que todos mis textos siguientes simplemente han desarrollado temas que estaban inicialmente allí; siento que durante toda mi vida he estado reescribiendo ese único libro.” Quizá, reconociendo la influencia que ejerció Borges en él, cosa similar diría Andrés Rivera refiriéndose al uso repetitivo de palabras, calificativos (des)acreditadores, que al sonar melódicas se modifican y cobran mayor importancia en el desarrollo de relatos tan llenos de personajes empáticos no vacíos de preguntas, relatos en que temas como el lento y duro aprendizaje, la violencia, el acontecimiento histórico, el erotismo y su relación con el poder género-generacional, la provocación y la expectativa, ambientaciones y retratos que se superponen, también se repiten. Por ello, quizá, vuelvo a Borges refriéndose esta vez a El Zahir: “Mi punto de partida fue una palabra, una palabra que usamos casi todos los días sin darnos cuenta de lo misterioso que hay en ella (salvo que todas las palabras son misteriosas): pensé en la palabra inolvidable, unforgetable en inglés. Me detuve, no sé por qué, ya que había oído esa palabra miles de veces, casi no pasa un día en que no la oiga; pensé qué raro sería si hubiera algo que realmente no pudiéramos olvidar. Qué raro sería si hubiera, en lo que llamamos realidad, una cosa, un objeto -¿por qué, no?- que fuera realmente inolvidable […] Es una consideración bastante pobre, como ustedes han visto. Enseguida pensé que si hay algo inolvidable, ese algo debe ser común […] no habría ninguna gracia en un cuento con un minotauro, con una quimera, con un unicornio inolvidable; no, tenía que ser algo muy común. Al pensar en ese algo común pensé, creo que inmediatamente, en una moneda”.
Vuelvo a llenarme de preguntas al leer cuentos como El país de los ganados y las mieses, Un tiempo muy corto, un largo silencio, Campo en silencio, Willy, La lenta velocidad del coraje, Un largo pasillo iluminado, Lento, Apetitos, Visa para ningún lado. Leo el prólogo del libro y me entero de que varios cuentos fueron reescritos, me pica la curiosidad de conocer las primeras versiones de varios de ellos, eso, mientras releo por tercera vez este libro y por octava vez un fragmento de La paz que conquistamos: “Y la boca. Ah, la boca. Se sabe: es la memoria de los desastres. Consigna general: callar. Porque la realidad es irreproducible y la literatura miente como una puta vieja, o como una dama que escamotea sus arrugas frente al espejo. Algo, sin embargo, es cierto: aprendimos a sobrevivir. Cada uno de nosotros conoce el precio que pagó.” Cierro el libro y guardo silencio (¿por cuánto?) al reproducir las palabras de Willy: “El oído es tan selectivo como la memoria.”
Hombre leído, Andrés Rivera, hombre que alejándose (¿apenas?) de la novela histórica escribe grandes cuentos… “gira sobre sí mismo y abandona el escenario. Y eso, creo, es lo que mira […] desde el lugar al que llegó.”

En la lista del 2013, como ya es habitual, decenas de libros no lograron ingresar. Esta es la cuarta vez que elaboro una lista. ¿Llevo ya experiencia en ello? No lo sé. Noto que incluso un año no basta para hacerme de una impresión de aquello que aun voy asimilando. Los libros como las personas para el librero: dejas ir algunos, luego te arrepientes. Dejé partir, por ejemplo, el 2012, a La senda del perdedor de Charles Bukowski, pero lo extraño. Extraño aquel ejemplar lleno de post-its y algunas anotaciones a las que no debo llamar mías, porque ya no lo son. La senda del perdedor no figura en la lista de aquel año y momentos en que escribo ésto, ¡horror!, pienso que aquella lista podría prescindir más bien de La dama del perrito de Antón Chéjov.
Por ello no quiero dejar de nombrar algunos títulos que, por razones cuestionables, no entraron en la lista del 2013. Libros como: La vida de mi padre y otros ensayos de Raymond Carver (que tampoco tengo en manos por lo aquí expuesto), El Maestro y Margarita de Mijaíl Bulkgákov, Representaciones del intelectual de Edward W. Said, Olga de Chiara Zocchi, Lecturas para minutos de Hermann Hesse, Historias de mujeres de Rosa Montero, Apócrifos de Karel Čapek, El Derrumbe de Dino Buzzati, El pentágono de Antonio Di Benedetto, Del relámpago de Gonzalo Rojas, Viaje al rededor de mi cuarto de Xavier de Maistre, La Sirena y otros relatos de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa, Secretos del Estado Mayor de Ricardo M. Setaro, El indio en la novela de América de Aida Cometta Manzoni y La isla de los pingüinos de Anatole France, entre tantos.
A continuación, dejo mi frágil lista: la lista de los trece títulos que se incorporaron el 2013 a mi biblioteca personal:

13. Problemas Filosóficos de la Teoría de la Memoria

M. S. Rogovin

Suramericana
Traducción de Ala de Caneva
12. Evocación de Augusto Céspedes
Mariano Baptista Gumucio
N.L.E. Caraspas
11. El sistema de los objetos
Jean Baudrillard
Traducción de Francisco Gonzáles Aramburu
Siglo veintiuno editores
10. Con los tiernos infantes terribles
Edmundo Valadés (selección)
García Valadés editores
09. Confesiones filosóficas
José González Ríos
Quadrata
08. Ser joven en El Alto
Germán Guaygua, Ángela Riveros y Máximo Quisbert
PIEB
07. Tierra firme anticipada
Fernando Flores Morador
Ediciones de la Banda Oriental
06. Secreciones, excreciones y desatinos
Rubem Fonseca
Traducción de Basilio Losada
Seix Barral
05. La caza sutil y otros textos
Julio Ramón Ribeyro
Ediciones Universidad Diego Portales
04. La marrana negra de la literatura rosa
Carlos Velázquez
Sexto Piso
03. El loro de Flaubert
Julian Barnes
Traducción de Antonio Mauri
Anagrama
02. El cero y el infinito
Arthur Koestler 
Traducción de G. Nicholson
EMECÉ
01. Matadero Cinco
Kurt Vonnegut, Jr. 
Traducción de Margarita García
Bruguera
 

¿Por qué Matadero Cinco encabeza esta lista? 
            
—¿Por qué yo?
—Esa es una pregunta muy terrenal, señor Pilgrim. ¿Por qué nosotros?, podríamos decir. ¿Por qué cualquier cosa? Simplemente, porque este momento es. ¿Ha visto usted alguna vez insectos atrapados en ámbar?
—Si —respondió Billy, que recordó el pisapapeles que tenía en su oficina: era un bloque de ámbar pulido, con tres insectos hembras aprisionadas dentro.
 —Bien, aquí estamos, señor Pilgrim, atrapados en el ámbar de este momento. No hay ningún porqué.

Cuando uno se sabe parte de algo que siempre estuvo lejos del principio y que más bien está cerca del final: corrige, en su imaginación, lo que hecho está. Siente, en el mejor de los casos, entre el 51% y el 99% de lo que en su momento vivió. Nota que las perspectivas de un futuro mejor fueron eso; que nada es como se deseaba. Finalmente, esboza una sonrisa, o no.
           Pocos libros te dicen, con la llegada de la última página, que si lo leíste es porque tenías que hacerlo, porque debías hacerlo. Matadero Cinco lo hace de forma literal. Repara lo acontecido (en todo aquello que mal llamamos Holocausto) proyectando la película para atrás. Hace apología de lo que sí merece. Nos recuerda, simplemente, que no hay paso que no sea antecesor de otro; que es inevitable intercalar entre asombro y aburrimiento, entre sufrimiento y felicidad; que el tiempo como concepto es uno sólo, es palabra que, ilusoriamente, hemos fragmentado por la necesidad de (pasado, presente y futuro) tres conceptos más.
Billy Pilgrim es sólo el testigo de una vida a la que llamó suya, antes, durante y después del bombardeo en Dresde; antes durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Pero no es ésto lo que cambió su vida, o al menos no radicalmente, sino su encuentro con los habitantes de Tralfamadore, eso, y su encuentro con Howard W. Campbell, escritor de ciencia ficción que influyó en Pilgrim (?); frontera difusa entre lo soñado, lo leído y lo vivido.
La lectura de este libro (Faulkner de lado) me llevó a encontrar uno entre tantos intentos de solución que se puede dar al problema de la representación de la simultaneidad de los acontecimientos (identificado por Julio Ramón Ribeyro en su ensayo Problemas del novelista actual). En Matadero Cinco el tiempo, y lo acontecido en él, se entiende como un conjunto indivisible e inevitable, y no como presente y futuro construíble. Me explico: Pilgrim, incluso antes de contactar con los tralfamadorianos, rememora futuro y pasado; todo lo por vivir él lo ha vivido. Parpadea y viaja por el tiempo. Narra una historia ya narrada y lo hace en tiempos que no son lineales; salta de pasado a futuro, y viceversa, porque dice tener la capacidad de hacerlo, y la tiene (?). Máximo ve al presente (presente que el lector no sabe cuál es) como el momento a ser disfrutado si es que uno, claro, se sabe feliz. El cuerpo de Pilgrim yace muerto, aparentemente, pero en en muchos otros momentos está vivo y estúpidamente feliz. Así es. Es así. El problema de la simultaneidad ya no es del narrador, entonces, es del lector que se ve obligado a vivir la realidad mientras, libro en manos, lee; mientras interrumpe su lectura para hacer introspección; mientras algo sucede fuera de lo que miran los demás.
Dos soldados cansados y mal equipados se miran, el uno pertenece al bando opuesto del otro. El pájaro, más no su canto, cesó. Así fue.
Llega el momento, entonces, en que el lector se convierte (si no es que recién llega a saberse) en estatua de sal; sufre un cambio. "La gente no debe mirar hacia atrás", nos dice Vonnegut... Si no es para volver, a causa de un malentendido, como los niños que fueron enviados de vuelta a casa en La cruzada de los inocentes: No, definitivamente no.

Doce meses después, trece libros se han ganado un espacio en mi biblioteca personal; rincón hacinado que cada año se hace menor. Libros que han hecho algo más que ganar polvo, que se han llenado de post-its, que espero releer, porque desesperan, porque esperan pacientes, porque recibieron atención y todavía piden más.
Hay otros que no quiero olvidar, no todavía, pero tarde o temprano lo haré, voy a hacerlo; lástima pero debo ser selectivo. Esos a los que agradezco haber pasado por mis manos, por mi vida, pero voy a dejarlos ir; y no porque sean malos, sino porque no soy su público, porque todavía no lo soy y no sé si vaya a serlo.
Libros que han valido para mí, si no por su integridad, por fragmentos que me han valido a manera de grandes aforismos, a manera de escuela para seguir aprendiendo a narrar. El 2012 fue un año de muchas lecturas.
Los trece libros que, también sugiero pero que, no ingresaron en la lista de “los otros trece”, son los siguientes: Bouvard y Pécuchet de Gustave Flaubert, Crónicas de asfalto de Samuel Benchetrit, Tres rosas amarillas de Raymond Carver, En la senda del perdedor de Charles Bukowski, Amor se escribe sin hache de Enrique Jardiel Poncela, Desde el jardín de Jerzy Kosinski, El farmer de Andrés Rivera, Cuentos fantásticos hispanoamericanos Antología de Mignon Domínguez, Rodolfo el descreído de David S. Villazón, La tumba infecunda de René Bascopé, Conductores y seductores de Leonard Reinisch, y Dr. Kurt Hoffman, Borges oral de Jorge Luis Borges y Pensamientos de Pascal.
¿Y qué de “los otros trece”? Los trece libros que me marcaron el 2012 son los siguientes:

13. Carmen
Prosper Mérimée
Biblioteca de EL SOL
Traducción de Luis López Jiménez y Luis-Eduardo López Esteve

12. Ibis
J. M. Vargas Vila
Ramón Sopena

11. Cuentos reunidos
Felisberto Hernández
ETERNA CADENCIA editora

10. Chincanqui. Kallawaya y agitador
Toqo Zuleta
I.C.I Instituto de Cultura Indígena, Humauaca

09. Querido Miguel
Natalia Ginzburg
Ediciones Librerías Fausto
Traducción de Marcela Milano

08. Autobiografía de Alice B. Toklas
Gertrude Stein
BRUGUERA. LIBRO AMIGO
Traducción de Carlos Ribalta

07. Op Oloop
Juan Filloy
Paidós

06. Chaco
Luis Toro Ramallo
Nascimento

05. La revolución es un sueño eterno
Andrés Rivera
Alfaguara

04. La dama del perrito
Anton Chéjov
Biblioteca Contemporánea
Traducción de E. Podgursky y A. Aguilar

03. País de las sombras largas
Hans Ruesch
Ediciones LA ISLA
Traducción de Alberto Luis Bixio

02. La palabra del mudo
Julio Ramón Ribeyro
Seix Barral

01. El Gatopardo
Giuseppe Tomasi de Lampedusa
Ediciones Orbis
Traducción de Fernando Gutiérrez





¿Por qué “El Gatopardo” encabeza esta lista?
           

En el techo los dioses, reclinados sobre dorados escaños, miraban hacia abajo sonrientes e inexorables como el cielo de verano. Creíanse eternos: una bomba fabricada en Pittsbourgh Penn, demostraría en 1943 lo contrario.


            Uno de los temas más universales del ser humano es El Olvido. Ya nadie recuerda nada, la tradición generacional se ha quedado en manos de generaciones anteriores. Entonces caemos en falsos debates, en argumentos que son más bien emocionales, que son condicionantes al hecho de la simpatía temporal o del hecho interpretable.
Los guardianes del conocimiento son cada vez menos, los árboles genealógicos ya no tienen raíces o las han olvidado. Entonces hay un candado tras otro; el acto retórico que no esconde más que enunciados. El master dixit, lo cual, si bien ha permitido que la discriminación se reduzca, también ha sepultado entre el polvo lo todo anterior sufrido entre discriminados y discriminantes. Entonces se vive más de lo que se piensa.
            Son bastantes los enfoques con los que se puede hacer lectura de un libro tan melancólico como este, “la melancolía de lo ajeno”, de aquello que nos sucede y nos ha de suceder. Un libro tan bien escrito y que se irá con cada lectura, la lectura de los hechos… la siempre incompleta y mal hecha.
            Fabrizio y Tancredi se van; así como la historia familiar de Giuseppe Tomasi de Lampeduza. El Gatopardo, finalmente, no es más que el emblema heráldico de una familia monárquica que se ha ido, como poco a poco se nos van de las manos los límites de todo lo habido y por haber.
            Somos, lo que Bendicò, para la familia de El Gatopardo. Somos los perros que han pasado por la historia familiar, los que se han ido y han sido disecados... “inmortalizados en la memoria”, para luego ser tirados a la basura.
La muerte implica reciclado; un reciclado al que, erróneamente, llamamos: Nacimiento
Hay que leer a este clásico Italiano. Hay que releerlo.

En el afán de continuar seleccionando libros que se hagan de un espacio en mi biblioteca personal y para demostrarle que entre otras cosas también puedo ser consecuente, comparto con usted, sí, usted, esta segunda entrega de la "Lista: (número) libros que me marcaron el (año en que fueron leídos)". Sirva pues de antecedente la primera entrega, "Lista: 10 libros que me marcaron el 2010", la cual está a su disposición para que haga con ella lo que le venga en gana (leerla, por ejemplo).

No voy a advertirle nada esta vez, ya que en estos tiempos las advertencia sirven para la maldita cosa. Así que, nada, al grano.

El 2011 fue un año de reafirmaciones y descubrimientos (más lo segundo que lo primero). Los escritores que vuelven a aparecer en esta lista son: Herman Melville y Pitigrilli. Asimismo, libros muy buenos no ingresaron en esta lista debido, a que si bien me alimentaron con geniales fragmentos, no lo hicieron así con una obra; libros que releería, pero no en su integridad, libros como Estrella distante de Roberto Bolaño, La rueda de los ocios de Camilo José Cela, La lucha contra el demonio de Stefan Zweig, La letra e de Augusto Monterroso, Tierras de Cristal de Alessandro Baricco, y Mi reino por este mundo de Jotamario.

Los trece títulos:

13. "El libro negro""
Giovanni Papini
Compañía Editorial Continental S. A.
Traducción de Carlos Juan Vega







12. "El barrio latino""
Henri Murger
Editorial Poseidón - Buenos Aires
Traducción de Agustin Natal








11. "La paloma""
Patrick Süskind
Editorial Seix Barral
Traducción de Pilar Giralt








10. "El país de los ciegos""
H. G. Wells
Editorial Librería Hachette S. A.
Traducción de Alfonso Hernández Catá








09. "El collar de Afrodita""
Pitigrilli
Ediciones Apia
Traducción de H. F. M.








08. "Billy Budd, marinero""
Herman Melville
Editorial Oveja Negra









07. "No mires debajo de la cama""
Juan José Millás
Alfaguara









06. "Tiempo Cero""
Italo Calvino
Minotauro
Traducción de Aurora Bernárdez








05. "El extranjero""
Albert Camus
Alianza Editorial
Traducción de Bonifacio del Carril








04. "Las grandes entrevistas de la historia""
Edicion de Christopher Silvester
Editorial Aguilar
Traducción de Herminia Bevia y Antonio Resines







03. "Desde la ciudad nerviosa""
Enrique Vila- Matas.
Editorial Alfaguara








02. "El entenado""
Juan José Saer.
Folios ediciones








01. "Viaje al fin de la noche""
Louis-Ferdinand Céline
Editorial Planeta
Traducción de Carmen Kurtz








¿Por qué "Viaje al fin de la noche" encabeza esta lista?

Viaje al fin de la noche de Céline es un monumento a la misántropia y a la vanalidad de los que luchan contra un destino distópico. No en vano ha sido canonizada por una gran cantidad de escritores y la academia. Un libro que debe ser leído en estos tiempos ridículos de héroes de escaparate. Eso sí, se lo advierto, la lectura de este novela no se acaba después de haber recorrido la última de sus oraciones, después de haber cerrado el libro; la lectura de Viaje al fin de la noche no se acaba nunca. Ciertamente, hablamos de un obús que nos impacta de frente, que nos deja en la condición de la que nunca debímos haber salido: la muerte o, mejor aún, la inexistencia.

Ferdinand Bardamu, álter ego de Céline, no podrá gozar de un minuto de paz, sufrirá las consecuencias de una guerra que no terminará sino es en la hora de su muerte.

Mmmm...

!Ah, sí! Respecto a los otros libros. Por favor, encuentre justificativos por su cuenta.

Advertencia: La presente lista puede provocar sentimientos de animadversión para con Alexis Argüello, de 24 años, quien gusta de la literatura al igual que de las mujeres y por eso mismo teme comprometerse de lleno. Puede incluso que su molestia le recuerde a la experimentada por "GOG" de Giovanni Papini en el capítulo: "Las obras maestras de la literatura".

Ahora que me he sincerado con usted prosiga bajo su propio riesgo.

El pasado año 2010 me di cuenta, cada vez mayor es el tiempo que dedico a hacer tan solo una cosa, leer. A la fecha en promedio leo alrededor de ocho libros al mes, ¿se imagina todo lo que podría hacer en ese tiempo?, tal vez leer más, tal vez dedicar más tiempo a otros proyectos que tengo en mente y no tienen que ver con mi negocio de libros originales a uso en el pasaje Marina Nuñez del Prado.

El anterior párrafo, muestra de un espíritu divagante, fue desarrollado por culpa de una hipótesis: para poder leer libros buenos uno debe perder su tiempo y su dinero leyendo libros malos. Pocos, muy pocos son capaces de explicarle por qué un libro es bueno, y no faltará el que desacredite tales gustos al comunicarle lo malísimo que es ese libro. Entonces, dadas las probabilidades de equivocarse, mejor sentir que nada tiene que perder como lector, porque si hay alguien que tiene mucho que perder dándose medios para ver publicada su obra es el escritor.

La presente lista es muy subjetiva, de seguro hará las delicias de toda aquella dama empeñada en psiconalizarme, se me vienen dos o tres a la cabeza. ¿Habrá otro objeto para que está lista mantenga su valor en el tiempo?

Algunos de estos 10 libros ya pueden ser adquiridos en La Paz, Bolivia, desde el 8 de enero del 2011 revisando el catálogo de "libros que desesperan" disponible en facebook.

El Todo depende del prisma con que se mire, el humor fino e inteligente, el tener algo que decir y saber cómo decirlo es la característica de estos ocho libros que se enmarcan en el cuento, la novela y el ensayo. Ocho libros seleccionados de entre cosa de cien libros leídos (y no escritos) el año 2010. Disfrútelos o entréguelos en calidad de regalo a uno de sus enemigos, por si acaso.

10. "La conjura de los necios"
John Kennedy Toole
Editorial Anagrama
Traducido por J. M. Alvarez y Angela Pérez








09. "Para una erótica latinoamericana"
Enrique Dussel
Fundación editorial el perro y la rana









08. "La puerta estrecha"
André Gide
Editorial Lumen
Traducido por Blanca Torrents






07. "Bartleby, el escribiente"
Herman Melville
Editorial MONDADORI
Traducido por Jorge Luis Borges








06. "Jacques el fatalista"
Denis Diderot
Editorial Alfaguara
Traducido por Félix de Azúa








05. "Ultraje al pudor"
Pitigrilli
Ediciones ercilla









04. "Memorias póstumas de Blas Cubas"
J. M. Machado de Assis
Club del libro A.L.A.
Traducido por Francisco José Bolla








03. "El agujero en la pared"
Rubem Fonseca
Editorial Cal y Arena
Traducido por Rodolfo Mata. y Regina Crespo








02. "Novecento"
Alessandro Baricco
Editorial Anagrama
Traducido por Xavier González Rovira








01. La importancia de vivir
Lin Yutang
Editorial Sudamericana
Traducido por Román A. Jiménez